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24/09/2007
"La España de los sueños rotos" por María R. Sahuquillo

Marian, hombre, de 44 años, salió de Prepeleac, uno de los barrios más pobres de Targoviste, ciudad de 80.000 habitantes al norte de Bucarest, Rumania, para buscar una vida mejor pero ya no volverá. El miércoles murió en España, tres semanas después de prenderse fuego ante la Subdelegación de Gobierno en Castellón. Quería volver a casa y estaba desesperado. "Yo no quería que se fuese... le avisé de que no todo allí es oro, pero no me hizo caso", se lamenta su madre Elvira.
Marian dejó de estudiar a los 14 años para trabajar junto a su padre. Como la mayoría de los habitantes de Prepeleac, transportaban y vendían fruta con un carromato de caballos. Su madre y sus cuatro hermanas les ayudaban de vez en cuando. Más tarde consiguió trabajo en una de las fábricas de maquinaria más grandes de la ciudad. La suerte sólo le duró unos años. Su padre murió y Marian heredó el carro que había sido el sustento de toda la familia. "Es la tradición", explica Luminita, la hermana mayor de Marian.
Fue en uno de esos viajes por los pueblos para vender frutas cuando Marian conoció a Ionela, su esposa. Los dos tenían apenas 20 años cuando decidieron casarse. Después nació Izabela, que hoy tiene 17 años. Con el dinero que Marian ganaba con el carromato y los trabajos de costurera que Ionela hacía aquí y allá pudieron construirse una casa en Prepeleac. Dragos, de tres años, nació cuando ya no lo esperaban. "Quería mucho al niño. Deseaba que tuviera una vida mejor, con un piso, con un buen trabajo. Eso le ponía muy triste", cuenta Violeta, otra de sus hermanas.
Desde que nació su hijo, Marian no podía quitarse de la cabeza la idea de salir de Rumania. Los 34 lei (diez euros) que ganaba con el carromato apenas le alcanzaban para mantener a la familia. Con la ayuda que recibían del Estado para financiar los medicamentos del pequeño, enfermo del corazón, tenían lo justo para subsistir. En Rumania el salario medio es de unos 300 euros al mes, según datos del propio Gobierno. Sin embargo, un litro de leche cuesta entre 50 céntimos y un euro. Esta situación hace que muchos rumanos salgan de su país en busca de trabajo. España, donde viven unos 500.000, es uno de sus destinos preferentes.
Todo el mundo en Prepeleac conoce la historia de Marian. A nadie le extraña que el fallecido decidiese probar suerte en España. No era la primera vez que lo intentaban. Poco después de nacer Dragos, Ionela viajó a Italia. Quería conseguir trabajo en una fábrica, pero no salió bien. Así, cuando un primo de la mujer y Nicolae, el hermanastro de Marian, les hablaron de Valencia decidieron marcharse. Allí, dijeron, había un trabajo como obrero para Marian y un apartamento donde podrían vivir los cuatro. "Les habían prometido mil euros al mes", explica un vecino. Para ellos era el paraíso.
Desde entonces sólo tenían una idea en la cabeza, abandonar Rumania e instalarse en España. Muchos de sus vecinos habían hecho lo mismo antes y les había ido bien. "Nos fuimos para mejorar, no para robar ni prostituirnos. Ahora que mi padre ha muerto no sé que voy a hacer", se lamenta Izabela. Va de un lado a otro y no para de moverse y fumar. Toda la fuerza de su juventud se ha convertido en odio hacia el mundo desde el día que su padre se quemó.
Izabela recuerda el día en que Marian tomó la decisión de marcharse a España. Todo fueron alegrías en casa de los Mirita. Vendieron el carro y las pocas pertenencias que tenían y compraron cuatro billetes de autobús. Destino: Castellón. Allí, en teoría les esperaba Nicolae, el hermanastro de Marian, con el que muchos le han confundido los últimos días. "Todo era mentira. No había piso, no había trabajo", cuenta Izabela con la cabeza gacha. Lleva cuatro noches durmiendo en la sala de espera de un hospital. Parece cansada. Desde que volvieron de España, hace seis días, Dragos está ingresado por una neumonía. Su madre, Ionela, no se despega de su lado.
Ella tampoco está bien. "No quiero nada, no confío en nadie. Me habían prometido ayuda y era mentira. Ahora todo se acabó", grita. Está muy delgada y despeinada. Nerviosa, alterna el llanto con los gritos. No quiere salir de la habitación en la que Dragos está ingresado junto a otros ocho niños, y los médicos han tenido que llamar varias veces a la policía para que intente calmarla. "Mi marido no ha muerto. Está en España", dice.
El paraíso que buscaban los Mirita se convirtió en un infierno. Un mes después de llegar a Castellón, Marian aún no había conseguido trabajo y su hermanastro comenzó a exigirles 400 euros para pagar el alquiler. No tenían dinero y comenzaron a recoger chatarra y a vender refrescos por la playa. "Decidimos marcharnos. No teníamos 400 euros y no íbamos a pagar eso por vivir en ese piso, era muy malo", asegura Izabela. Así fue como empezaron a dormir en la calle, a recorrer la ciudad durante todo el día tratando de ganar unos euros.
Las ilusiones se habían deshecho. El paraíso que soñaban se convirtió en un infierno y decidieron volver. Marian se sentía responsable. No tenían dinero para el viaje así que comenzaron a peregrinar por las instituciones de Castellón. Pidieron dinero para regresar a Rumania al Gobierno y a varias ONG. No obtuvieron resultado dado que Rumania pertenece a la Unión Europea. Necesitaban 400 euros para pagar los billetes de autobús. Harto, Marian se prendió fuego a lo bonzo a las puertas de la subdelegación del Gobierno en Castellón delante de su mujer y sus dos hijos. Semanas después moría solo en el hospital La Fe de Valencia. El fuego le produjo quemaduras de primer, segundo y tercer grado en el 70% de su cuerpo.
A la familia Mirita ya no le queda nada. Antes de marcharse a España vendieron todo lo que tenían y ahora sólo les queda una casa a la que Izabela no quiere volver. Las hermanas y la madre de Marian no entienden porqué se marcharon de España y dejaron sólo al hombre. "Mi madre estaba mal allí, pensaban que iban a matarla. Además, mi hermano está enfermo. Si nos quedamos, morimos todos", asegura la chica. No pudieron aguantar y finalmente una asociación de mujeres de Valencia les pagó el viaje. Un día y medio después de su partida Marian falleció.
Ahora sólo quieren recuperar el cuerpo para cumplir con los ritos que exigen sus creencias. Aseguran que no tienen dinero para pagar la repatriación del cadáver y tienen miedo de que sea incinerado en España. "Que nos hagan este último favor. Ya que a mi padre nadie le ayudó en vida, por lo menos que le devuelvan a Rumania", ruega Izabela. Su madre no cesa de repetir que el cuerpo de Marian debe ser enterrado junto al de su padre, donde tiene reservado un sitio. Llora y ni siquiera su hija pequeña, Violeta, logra tranquilizarla: "Mi madre sabe que es muy importante. El cuerpo debe descansar en la tierra. Cuando mi hermano llegue comenzaremos un año de luto".
08/09/2007
"Estoy en silla de ruedas por ser negro" por D. Borasteros

Varón, 1,80 metros, de raza blanca, con 29 veranos tras sus anchas espaldas embutidas en un polo. Antecedentes por robo con fuerza y atentado contra la autoridad. Su pelo: muy corto, casi rapado y con vistosas patillas que pisan sus mandíbulas. Así se dibuja el perfil de Roberto Alonso de la Varga, acusado de agredir al congoleño Miwa Buene Monake la noche del 10 de febrero en Alcalá de Henares. Miwa está en silla de ruedas desde la paliza. Así, de repente. Según él, por un solo motivo: "Ser negro".
La instrucción del caso sigue abierta. Avanza a pasitos muy cortos desde hace siete meses. El presunto agresor, en libertad, declaró el pasado martes en el Juzgado de Instrucción número 6 de Alcalá. Entre los folios dispersos sobre la mesa del juez, un informe de la policía. Los agentes que recogieron el cuerpo ya insensible de Miwa describieron sus lesiones como "leves". Después, rectificaron. Miwa aún está esperando a declarar ante el juez.
La víctima tiene 42 años. Es de piel casi azulada y sus huesos, plegados sobre la silla de ruedas, son largos, escurridizos. Pesa menos de 50 kilos. Llegó a España en 2000 y tiene dos hijos aún en Kinshasa, de 10 y 12 años. Ningún músculo por debajo de la barbilla le responde. Vive en el Centro Nacional de Parapléjicos de Toledo.
Roberto Alonso confiesa en su reciente declaración que es inocente. Mientras lo dice, dispara la mirada distraída por el techo del juzgado. Que él sólo estaba recogiendo su coche... "Y punto". Pero un testigo le ha reconocido.
Indignado ayer por el relato de Alonso, Miwa necesita que su mujer, Mirella, le oculte los ojos del sol moviéndole el cuello, como si fuera un muñeco. Están en el jardín exterior del hospital de Toledo. Sólo la boca le responde a los estímulos del cerebro. Suficiente para decir lo que piensa: "¡Somos monos y por eso no tenemos derecho a vivir!". Un diagnóstico basado en varias denuncias: nadie del juzgado sabe cuál es el estado real del congoleño y nadie del Ayuntamiento de Alcalá ha respondido a sus peticiones de SOS. Ninguna llamada. Eso dicen.
Mirella, bolso cargado de ansiolíticos, se desploma con su gorrita sobre el césped. Un ataque de ansiedad. No puede dormir y no puede comer. Además "las pastillas no funcionan". Da vueltas por el suelo llorando. Entre hipido e hipido se le entiende una misma idea repetida: "Nos ha pasado por ser negros, nos han quitado todo de un día para otro. ¡Y lo peor es que nadie hace nada, ese asesino está en la calle!". Ahora se pone de rodillas, levanta la visera de la gorra y pregunta: "¿Sería igual si el agredido hubiese sido blanco?".
Miwa no tiene muchas ganas de vivir. Casi ninguna. Economista, traductor accidental en España, dice que está solo y que todo es "difícil, muy difícil". Dejó de alimentarse durante buena parte de agosto. "¿Para qué?", argumenta con la poca expresividad a la que le tiene condenada la inmovilidad. No asiste a las clases de rehabilitación. "Es difícil, difícil", repite con el exclusivo acompañamiento de los tendones, finísimos, de la mano derecha. "Y el tiempo pasa", sentencia antes de advertir de que se está mareando. Su mujer manipula la silla de ruedas y reclina la parte en la que descansa el cuello de su marido, un peso muerto que cae hacia atrás sin resistencia.
Miwa a veces ve hombrecillos amenazantes que descienden desde el techo de su habitación en el centro de parapléjicos. Pero la mayor parte del tiempo conserva la lucidez. La suficiente como para sorprender a su auditorio con un análisis pesimista sobre la evolución del Euríbor, el índice de referencia de la mayoría de los créditos hipotecarios. "¡Para colmo otra subida más de los tipos!", interrumpe el torrente de cuestiones sobre su estado . "Se nos va a poner el préstamo en más de 600 euros", advierte con los ojos muy abiertos. "Piso, coche, electricidad... ¿qué vamos a hacer?", enumera con alma de contable.
Pero eso no es lo peor. La calculadora de Miwa cruza ese dato con otro aún peor: "A Mirella se le acaba el contrato en octubre y no la van a renovar". Mirella trabaja desde la tarde hasta muy entrada la madrugada en un almacén apilando cajas. Estudió enfermería. Una experiencia que le es muy útil a la hora de atender a Miwa. Pero que compite con algunos inconvenientes. Por ejemplo, que tarda tres horas en trasladarse desde Alcalá hasta Toledo en el tren. O, por ejemplo, que los días de diario duerme durante el día y no puede visitarlo. Llega al centro los viernes por la tarde y se queda hasta el domingo por la noche. Después, desvelada, regresa a su piso en una cuarta planta sin ascensor. "Ideal para el estado de Miwa", ironiza.
La pareja quería regresar este año a la República del Congo. "Ya no puede ser", sentencian, mientras suplican que al menos se tramite la llegada a España de la hermana de él. El deseo de reunirse con sus hijos, lo descartan como "un imposible".
El Movimiento contra la Intolerancia, a través de su cara más visible, Esteban Ibarra, denuncia otras "particularidades del caso". Según ellos, la fiscalía de Madrid aún "no se ha dignado a darse por enterada de la situación". Un hecho que ha motivado una dura carta de esta organización, que actúa como acusación particular, para protestar.
Mientras, Roberto Alonso, hijo de un jardinero, hace su vida. El martes acudió al juzgado a declarar de nuevo: "Yo no vi nada", afirma. Miwa, antes de desmayarse y caer al suelo, sí se acuerda de la cara de Roberto. Es su último flash. El resto se ha perdido junto a la movilidad sus articulaciones. De la barbilla hasta los dedos de los pies.
23/02/2007
El Retorno del Cazador

La Universidad de Nueva York (EEUU) fue ayer sede de unos “juegos” memorables. Los estudiantes republicanos –los pro-Bush, para entendernos- han creado y organizado un “juego” que fue portada de los periódicos de hoy: “Encuentre al inmigrante indocumentado”.
Así, por 50 dólares para el ganador, un grupo de estudiantes se hacían pasar por "agentes de inmigración" buscando y persiguiendo a un “jugador” que hacía de "indocumentado".
El juego originó una ola de protestas e indignación a tal punto que la policía y los seguratas de la universidad tuvieron que vallar la zona para que los señoritos jueguen a sus anchas.
Quien convocara el “juego”, Sarah Chambers, encabezando el "New York University College Republican", estudiante de Ciencias Políticas, fue públicamente acusada de racismo. Chambers negó la acusación, explicando que el objetivo didáctico del juego era alertar sobre el “““problema””” de la inmigración “ilegal” ya que "los indocumentados no respetan las leyes del país, el crimen está aumentando, se reducen los recursos de servicios sociales; es un asunto de seguridad".
Curioso que un país que carece de una mínima seguridad social sanitaria y que vigila a punta de rifle la frontera con México, hable de servicios sociales y respeto a las leyes.
Francisco Guzmán, presidente de la organización Latinos Unidos con Honor y Amistad (LUCHA), le ofreció a Chambers abordar el tema a través del diálogo pero la señorita prefirió seguir jugando "a capturar al inmigrante ilegal".
Un periodista llamó la atención de Chambers acerca de cuan duro trabaja un "indocumentado" para hacerse con un sitio en este país. A lo cual la estudiante contestó que "el que trabajen duro, no justifica una acción ilegal, muchos estadounidenses también trabajan duro."
El éxito de la respuesta estaba servido en la misma pregunta. Evidentemente no se trata de quien trabaja más, sino de la frivolidad que implica crear un juego alrededor de estos temas.
La persecución y captura de los inmigrantes no es legal en tanto y cuanto atenta contra la declaración de los derechos humanos. Y, aun así, si las leyes nacionales condenen la inmigración no declarada, ¿no es acaso conceptualmente inmoral crear un juego de ¿adultos? alrededor de ese procedimiento legal? Como sea, Chambers encarna el atrevimiento de la derecha más acérrima, en un momento en el cual el Ku Klux Klan ha renacido de sus cenizas con un nuevo objetivo: “perseguir y atacar a los latinoamericanos”.
En este contexto, la Liga Anti Difamación, organización dedicada al seguimiento de las actividades de los grupos racistas, ha lanzado un mensaje de alerta a la sociedad: la situación general amenaza con desbordarse y constituir el germen de una escalada de violencia étnica.
El gobierno norteamericano recrudece las leyes “anti-inmigración” planeando la construcción de un muro que separe Estados Unidos y México, una evidencia más de la total involución que está viviendo Norteamérica.
Resulta triste ver como un país cuyos orígenes se relacionan profundamente con el pensamiento liberal, que fue construido íntegramente con el trabajo de miles de inmigrantes, esté pensando en levantar un muro contra un país vecino. Es patético que una universidad de prestigio se preste a estos juegos. Estos Estados Unidos del siglo XXI puede que sean el sueño de algún americano, pero están tranformandose en la pesadilla de buena parte del mundo.
20/02/2006
“Los ciberfachas” por Juan Cueto.

Este país llama la atención en Europa por dos cosas. Por su vertiginosa velocidad de adaptación a la última modernidad sin haber pasado por las etapas anteriores, la primera o la segunda, y cuyo ejemplo más estrepitoso son los eurorécords de consumo juvenil de esas nuevas tecnologías de bolsillo: móviles, Internet, videojuegos, bitácoras, iPods, messenger y demás pantallitas planas. Y dos, por el abuso ideológico que nuestra derecha menos reciclada hace de las máquinas y los media de la tercera modernidad.
Vale, aceptémoslo. Lo insólito, insisto, es que los más decididos practicantes del uso de estas nuevas máquinas de la tercera modernidad son gentes de la extrema derecha y sólo les mueve la intención patriótica de aumentar el CIB casero, también llamado estrés nacional. Basta una vuelta mañanera por nuestras bitácoras o blogs, como yo hago luego del primer café, para darse de narices (interfaz 0,40 cm.:distancia íntima) con el ponzoñoso mundo subterráneo e hipermoderno de los ciberfachas, una nueva tribu o raza de españoles que, utilizando con destreza y gracejo las maquinitas, te proyectan en el túnel de las más viejas y oscuras ideologías locales. Hay excepciones, todas las que se quieran, y algunas de nuestras bitácoras independientes (pongamos una docena y pico si exceptuamos los blogs narcisistas, de amor y pasión friki) son todo un ejemplo para nuestro periodismo de papel. Pero la mayoría de esos champiñones digitales están envenenados, son puro maniqueísmo procedente de las peores añadas nacionales, y, sobre todo, son una excepción casera a esas tres o cuatro nuevas reglas globales de los años 00 por las que se rigen las jóvenes generaciones: desinterés ideológico; hartazgo de la política; extensión del territorio de la lucha, que diría Houellebecq, y pasión desenfrenada por el yo en todas sus posturas.
¿De dónde han salido esto treintañeros que utilizan obsesiva-compulsivamente sus blogs, bitácoras o cualquier cosa punto.es para masturbar su pensamiento medieval, intentar cambiar la política (sólo cargarse a ZP) e inmolar su narcisismo de nuevas tecnologías por un par de consignas de las más viejas ideologías de Ferraz? Algunos dirán que ocurre lo mismo en Eurolandia, que los ciberfachas no son una anomalía local. No estoy de acuerdo. Excepto en la curva sur del estadio Olímpico de Roma, donde los tifosi del viejo equipo de Cassano exhiben pancartas nazis, saludan a lo fascista y cantan himnos musolinianos (viejas tecnologías), en las redes europeas, incluidas las austriacas, no hay manera de encontrar lo que yo encuentro cada mañana en esos blogs locales de la tercera modernidad que, erre que erre, me conectan on-line con una mentalidad prelógica, ideológica, sin necesidad de haber escuchado la COPE y que rebajan mi cuota diaria de Felicidad Interna Bruta. En lugar de comparar el PIB, la balanza de pagos y otras magnitudes macroeconómicas, habría que comparar los blogs de Eurolandia con los de España. Se puede y se debe hacer. Y concluir: la Tasa Nacional de Estrés (TNE) que se mide por el índice CIB (Crispación Interna Bruta), es muy superior a la de nuestros vecinos de continente.
Aquí pasa algo raro, y arriesgo esta teoría. Dado que la progresía ha renunciado por miedo irracional a utilizar estas máquinas de la tercera modernidad, confundiéndolas con el Apocalipsis literario, pues la vieja derecha española, ante tanta deserción ilustrada, se está apoderando poco a poco de sus poderes amplificadores. Lo que en otros países ha dado lugar al ciberground, los blogs o videobitácoras independientes, el periodismo sin empresarios, el avant-pop y el pos-pop, aquí sólo ha generado el fenómeno de los ciberfachas Una exclusiva casera de la tercera modernidad que sólo existe por oposición geométrica y racial a Zapatero, el PSOE, este periódico, la SER, la burguesía nacionalista y, sobre todo, por oposición a la idiota y cerril deserción de la progresía, raza novelera, ante las nuevas máquinas del siglo 00.
05/02/2006
Ante todo, calma.

Los graves acontecimientos que se están produciendo a raíz de la publicación de las caricaturas del Profeta sólo satisfacen a quienes auguraron un apocalíptico “choque de civilizaciones”. Desde nuestros inicios, los seres humanos estamos llamados a entendernos como individuos únicos y sociables. Hay dos realidades paralelas: el Islam prohíbe la representación de Mohammed a sus fieles, pero no a quienes no lo son y cada responsable de prensa debe tener en cuenta la sensibilidad de sus lectores, lo que incluye el respeto a sus convicciones más íntimas.
Desde www.soneyra.blogia.com defendemos la paz y con ello procuramos conciliar lo irrenunciable: el derecho y la fe, siendo conscientes de las dificultades que este concilio ha generado a lo largo de la historia. Por ello reproducimos el escrito de Reporteros Sin Fronteras apoyando, no a la institución, sino a su mensaje.
Las caricaturas del profeta Mahoma, ¿Cómo conciliar libertad de expresión y convicciones religiosas?
"Aunque comprendemos que muchos musulmanes se hayan sentido conmocionados con su publicación -el Islam prohíbe cualquier representación humana del Profeta- eso no justifica los llamamientos a la violencia, ni las amenazas, vengan de donde vengan".
Y Reporteros sin Fronteras añade: "En el caso que nos ocupa, es necesario redimensionar los hechos en su justa proporción. Los periódicos que han publicado las caricaturas pertenecen a países donde la religión es un asunto privado: en esa tradición, la libertad religiosa va acompañada de la libertad de expresión, que incluye el derecho a lanzar mofas contra las convicciones que no se comparten.
“Igualmente, es necesario recordar que, en esos mismos países, la prensa es independiente de los poderes establecidos. Sus posturas y opciones editoriales sólo le comprometen a ella y, por tanto, en ninguna manera a las autoridades de sus países ni a sus conciudadanos".
Reporteros sin Fronteras hace un llamamiento a los responsables políticos y religiosos de los países musulmanes, así como a la prensa del mundo árabe, para que hagan todo lo que esté en su mano para calmar los ánimos, de forma que pueda establecerse un debate sobre las concepciones de unos y otros.
De la misma manera, la organización pide a todos en Occidente que se dediquen a tranquilizar y evitar toda provocación.
¿Cómo conciliar la libertad de expresión -de la que muchos, allí donde vivan, sienten una imperiosa necesidad- con el respeto a las convicciones más profundas de todos y cada uno?
Que "el asunto de las caricaturas" nos ayude al menos a encontrar una respuesta a tan espinosa pregunta. Reporteros sin Fronteras se compromete a facilitar ese debate con todos los que -felizmente son mayoría- prefieren el diálogo al enfrentamiento.
03/02/2006
“En Barcelona con chilaba” por Amparo Moliner.

Este es el estremecedor relato de una escritora y colaboradora de EL PAÍS que, haciéndose pasar por joven turca, busca durante trece días trabajo y alojamiento. Una estampa de la vida cotidiana de muchos inmigrantes.
Desconfianza, cinismo, proposiciones sexuales, explotación, excusas y mentiras, falsas negativas, picaresca y mucha miseria humana... Es lo que ha encontrado esta escritora y periodista durante su recorrido por Barcelona vestida con una modesta chilaba de joven turca en busca de trabajo y alojamiento. Una estremecedora estampa de crudo realismo de lo que encuentran cada día -en Barcelona como en cualquier lugar de España o de Europa- miles de inmigrantes que sólo buscan una vida mejor.
Mi amigo Mohamed me acompaña a la tienda del señor Fauzia, en la calle Sant Pau de Barcelona, donde voy a comprarme una chilaba y un pañuelo para la cabeza, que me ayudarán a parecer inmigrante como ellos. Bueno, ya sé que inmigrante no es exactamente la palabra, sería mejor exiliado económico.
Durante dos semanas, me haré pasar por turca de religión musulmana. Elijo el país por razones prácticas; viví en Turquía (hablo un poco de turco), así que si entro en contacto con extranjeros marroquíes o paquistaníes podré disimular mi condición de periodista.
Ya se acordarán ustedes que hace más de un mes, en Barcelona, 80 inmigrantes se encerraron en distintas iglesias, para reclamar ’papeles para todos’. Al principio hicieron huelga de hambre. Ahora, son unos 700, y un grupo de mujeres se les unió el día 12, en otra iglesia. Muchos no tienen otro lugar donde dormir.
A lo mejor, si se hubiesen encerrado, qué sé yo, en Notre Dame de París, el mundo estaría mirando allí. Estoy segura de que los intelectuales solidarios de toda la vida habrían montado ya un concierto de apoyo. En Barcelona nadie les hace mucho caso, aunque es cierto que Paco Ibáñez y Marina Rossell cantaron para ellos (y les vimos mucho en la tele y en las fotos).
El señor Fauzia me enseña chilabas. Me gusta una, muy bonita, de color rojo, pero él y Mohamed casi se escandalizan: ’¡Esa, no!’. Al final me quedo la que ellos escogen, que es negra con un discreto dibujo dorado. El pañuelo que yo quería, para la cabeza, tampoco les parece apropiado, creen que es mejor que me quede el gris, ’que es más serio’. Obedezco. Mohamed me enseña a ponérmelo. Es fácil. Me miro en el espejo de la tienda y tengo la sensación de haber desaparecido, no me reconozco. Aunque Mohamed cree que las mujeres con chilaba están más guapas, pienso que me he echado años encima.
Salgo a la calle. Cojo el autobús con una mezcla de adrenalina y miedo. Tengo calor, pero no puedo quitarme el jersey de debajo de la chilaba. Está claro que los pasajeros no ven nada raro en mí. Lo noto enseguida porque una señora muy castiza murmura: ’No, si al final los extranjeros seremos nosotros’.
A su lado, en cambio, modernos y modernas, educadores de calle, barbudos, progres y chicas vestidas de lila o rosa adoran cederme el asiento, aunque ya tenga uno, y me sonríen con amor a la diversidad.
Es la primera prueba y la supero sin problemas, pero todavía no he abierto la boca. Hablar será más difícil. He ensayado. Cambio de orden las frases y convierto algunas íes en es.
Voy al bar de al lado de mi casa donde cada día tomo un café después de comer. Bajo la cabeza y pido agua: ’¿Ponirme agua?’. Antonio, el camarero, me la pone sin reconocerme.
Encuentro una pensión en el barrio del Raval. Vale 1.200 pesetas la noche, pero si estás allí unos cuantos días, te arreglan el precio. Yo estaré dos semanas. No piden papeles. En general, allí, todo el mundo va a lo suyo, la mayoría son hombres solos. Mi habitación es pequeña. Hay dos plegatines individuales y una mesita de noche. El lavabo está al final del pasillo y muy de mañana se forma una cola para la ducha, pero las mujeres pasamos primero.
Es de noche y en el -llamémosle- salón veo la tele con los demás -llamémosles- huéspedes. Tomamos té. En el programa que estamos viendo, un invitado le dice al otro para llamarle tonto: ’¡Tienes menos luces que una patera!’.
Sentada en una silla, a mi lado, está Malika, que vino en patera. Me confirma que su patera no tenía luces, por lo que, dice, riendo, es un chiste divertido.
’Chica extranjera se ofrece para trabajar como interina. Económico. Malika’. Éste es mi anuncio. Sale publicado al día siguiente, que es lunes, en la sección Servicio Doméstico de la revista Anuntis. Poner un anuncio en esta revista es gratis. Lo pongo por teléfono, desde una cabina, y el nombre de Malika es el primero que se me ocurre. Esta vez ya he procurado no llevar tanta ropa debajo de la chilaba.
El primero que responde es un tal Carlos. Pregunta de dónde soy y cuántos años tengo. Había pensado quitarme seis, decir 28, pero se me olvida, con los nervios. Tengo miedo de que me descubra.
Al saber que soy turca, me dice, compungido, que habría preferido a una rusa. Después, quiere saber si ya he trabajado en el servicio doméstico, y creo que es mejor decir que sí. Me pregunta si quiero ser interina o fija. ’No intiendo diferencia’, chapurreo. Procuro hacer pausas largas, como si me costase encontrar las palabras.
Entonces me explica lo que quiere. Pero tarda mucho en explicarlo, da vueltas y vueltas, para que yo lo adivine.
’A mí me gustaría que estuvieras en mi casa, que me limpiaras y tuviésemos una amistad como marido y mujer. Yo te ayudaría con cien mil al mes. Te vestiría, te alimentaría...’.
Me asusto tanto que no digo nada. ’¿Me entiendes, Malika?’, va repitiendo suavemente. Le pregunto si se refiere a que tengo que acostarme con él. Dice que sí. Y empieza a preguntarme si soy bonita. Si tengo hijos y marido. Creo que sólo lo quiere saber para hacerse una idea de si domino las cuestiones de cama, no es que le importe. Como no le contesto, insiste con educada impaciencia: ’Pero ¿eres delgada o gruesa?’. ’No sé’, digo, y yo misma me noto la voz acongojada, pero no se apiada. ’Has hecho el amor alguna vez, ¿no?’, quiere saber Carlos. Le pregunto si no puedo ser sólo su mujer de la limpieza. Le digo que he huido de mi país buscando una vida mejor. ’Y la tendrás. Aquí no te pegará nadie’, me explica, como si se diese por supuesto que allí sí lo hacían. Y sigue: ’¿Pero eres bonita? ¿Te lo dicen? ¿Te dicen que eres bonita?’. ’Nesesito trabajo honrado’, insisto, y él replica antes de citarme otra vez para más tarde: ’Una pregunta indiscreta: ¿tienes mucho pecho?’.
No me he anunciado en la sección de contactos, pero me propone una alternativa. La alternativa es que (si tantas ganas tengo de limpiar) me busque una casa pero me acueste con él dos o tres veces por semana. Me ’ayudará’. Me dará, dice ’no sé, seis, siete, ocho... ¿Tienes buenas piernas? ¿Qué talla de sujetador usas?’. Me cuenta que trabaja en la caja de un bar, que es buena gente. Le digo que llame a una prostituta y replica sorprendido que lo que él me propone no es prostitución, ni mucho menos, es hacer de marido y mujer. Me da la dirección de la calle donde vive para que vaya a verle. Podría terminar el reportaje aquí y ya habría visto bastante.
Busco piso. Dedico horas, días a ello. Desde un locutorio, llamo a unas veinticinco inmobiliarias y concierto citas para la tarde y el día siguiente. No digo que soy musulmana.
Por teléfono, comerciales animosos me explican características: ’Mucho sol, techos alt. Puertas ember. Listo vivir’.
Me recuerdan que tendré que traer una nómina que no sea demasiado reciente y, si no gano mucho, un aval personal. Tengo el aval personal, ya lo había previsto. Esa tarde veo unos cuantos pisos y ellos me ven a mí con la chilaba. Se ponen nerviosos. Unos se excusan diciendo que casualmente el piso que estamos viendo se acaba de alquilar. Otros me hacen ir hasta la oficina, redactan el contrato y al final me piden algo que no me habían pedido por teléfono. Papeleo. En el tiempo de ir a buscarlo y volver, el piso ya está alquilado.
Así que hoy no me pongo la chilaba. Me pongo una peluca morena y ropa discreta. La cosa cambia. Veo un piso y digo que me interesa. Quedamos para firmar esa misma tarde.
Pero por la tarde me ven con la chilaba, se quedan catatónicos y el piso ya está alquilado.
Si al cabo de un rato llama algún amigo mío preguntando por ese piso (el mío), le responden encantados que puede verlo cuando desee, que está libre. Si llamo yo, me contestan con educada impaciencia: ’Oye ¿no te hemos dicho que ya está alquilado?’. Y así una vez y otra y otra. Una de las comerciales con la que he quedado tenía que enseñarme tres pisos en un mismo bloque. Me dice, al verme, que los tres se acaban de alquilar hace una hora. Me parece tan curioso que ya no dudo de que en Barcelona est actuando un peligroso inquilino en serie.
En una inmobiliaria, sin embargo, están dispuestos a hacerme el favor de alquilarme algo. Algo que no es ni céntrico, ni grande, ni luminoso, pero que en definitiva me juran que es un piso.
Le pido a Mohamed que me acompañe. Estos días, para echarme una mano, ha descuidado un poco su trabajo. Es secretario de la Asociación Ibn Batuta, en la calle Sant Pau, donde se dan clases de español y catalán para extranjeros, y te ayudan a conseguir trabajo o papeles. Los profesores son voluntarios y los alumnos, por supuesto, también.
Cuando Mohamed y yo, que simulamos ser marido y mujer, vemos el edificio, el alma se nos cae a los pies. Parece construido por los herederos chapuzas del alcalde Porcioles.
Las únicas ventanas del bloque dan a un patio lleno de escombros, mugre y jeringuillas. Distinguimos una guitarra eléctrica, en el suelo ¿qué hará allí?, y una colonia de ratas.
’Y ¿qué queréis?’, se disculpa la mujer de la inmobiliaria, ’¿el hotel Ritz?’.
Por el hueco de la escalera hay muebles tirados. Alquilar aquello cuesta 50.000 pesetas más un traspaso.
Subimos arriba. La mujer abre la puerta, con su llave, y siete personas, de pie, en la entrada nos miran atemorizadas.
’Se irán el día 1’, nos promete la mujer, ’se les ha acabado el contrato’. Mientras ella inspecciona el piso, hablo con ellos. Son ilegales y no pueden salir en la foto. Nigerianos. Nos entendemos en inglés. Me explican que les han estafado. La antigua inquilina y titular del piso, también nigeriana, llevaba seis meses sin pagar el alquiler, se fue y les hizo creer a ellos que a cambio de un traspaso de 200.000 pesetas podrían vivir allí. Se las dieron. Creyeron que todo era legal y ahora se encuentran con que tienen que irse porque la inquilina les engañó. Digamos que es la picaresca que siempre se da en las situaciones de miseria.
Anita, una de las chicas, llora.
En un comedor social conozco a Fátima, de Marruecos. No lleva pañuelo en la cabeza ni chilaba. Me explica que sin chilaba no la miran, pero que, sin embargo, vestir ’a la europea’ es más caro y más incómodo. Fatima lleva siete años en España y empezó trabajando de interina. Ahora limpia por su cuenta. Se gana más. Pero se ha hecho daño en un pie y no puede trabajar.
Vivía con su hermana y su cuñado, en Barcelona, y cuando llegaba el sábado la encerraban en el lavadero para que no pudiera salir. Se escapó. Mientras comemos, me dice que jamás ha notado racismo, pero luego me explica que trabajó en la pastelería de dos hermanos solteros. Los hermanos también habían venido de otra tierra, eran, pues, emigrantes como ella, pero ya no se acordaban.
Fátima limpiaba el obrador. En el tiempo de las castañas y los panellets (pasteles típicos de Todos los Santos) había una saca de piñones en el mostrador y los dos hermanos la pesaban al llegar y al irse, para asegurarse de que nadie robara ni un solo piñón. Un día faltaban unos gramos y adivinen a quién despidieron. Después se descubrió que el aprendiz de pastelero comía mientras trabajaba, ya ves tú los piñones que puede comer un pastelero mientras trabaja. Pero Fátima no fue readmitida.
Me pregunta si me hace falta algo, y me da la dirección de un Centro de Servicios Sociales de barrio, donde tienen un sistema de vales para personas sin recursos, como ella o (cree que) yo. Te dan, por ejemplo, un vale de 2.000 pesetas (después de evaluar tu situación) y puedes ir al súper a cambiarlo por productos de primera necesidad. Es un buen sistema porque en los comedores sociales sólo tienen productos secos como arroz, o legumbres, o excedentes de la Unión Europea (a veces latas de cola), pero no fruta y verdura.
Así que acompaño a Fátima al súper. Cogemos nuestra cesta verde. El súper pertenece a una cadena, yo he ido allí muchas veces cuando todavía no era Malika. No todos los supermercados aceptan trabajar con el sistema de vales. Les cuesta tiempo y dinero.
Por los altavoces suena la música corporativa y la voz alegre y animosa de las ofertas. ’¡Troncos de merluza congelados sólo a 600 pesetas kilo!’.
Hannan compra y va hacia la caja a entregar el vale. ’Oye, ¡listas!’, aúlla la cajera con un tono agrio y desagradable que hace girarse a todas las compradoras, ’si venís con vales de beneficencia, os esperáis, que aquí hay cola’.
Finalmente, cuando no hay ni una sola clienta, ni una sola, en el supermercado, puede ir a entregar el vale. La cajera vuelve a gritar:
’¡A ver, guapa! Si llevas vales tienes que coger cosas de oferta! No puedes coger primeras marcas, ¿o no lo sabes? ¿Esta leche es de oferta? ¿Ves tú que esté de oferta? Cámbiala por una marca blanca, cojooo-nes’. En los servicios sociales me han explicado, después, que los vales no son para que te compres caprichos como laca o gomina, pero sí algo necesario como gel de baño. Y tienes que procurar comprar cosas de oferta. Pero a veces, cuando eres extranjero y todavía no dominas el idioma, no es tan fácil saber lo que está de oferta y lo que no. Además, no es asunto de la cajera.
Le cuento a la directora del centro lo que ha pasado. Se preocupa mucho, parece una enamorada de su trabajo, eficiente y nada paternalista. Me pide que acompañe al señor Amhed (que no domina el idioma todavía) a otro súper, con su vale.
Compra galletas bajas en calorías y, a juzgar por lo flaco que está, puedo jurar que es un error derivado del desconocimiento. Nos tratan con normalidad.
Se forma una cola muy larga por culpa nuestra. Ahmed mira al horizonte. Los de la cola se esperan con educada impaciencia.
Me llama un anciano de 72 años, por lo del anuncio. Se llama Jaume y por el prefijo sé que es de Tarragona o provincia. Éste me pregunta si soy filipina.
He recibido hasta ahora 11 llamadas, contando la de Jaume, todas de hombres y todas pidiendo una criada que se quiera acostar con ellos.
Tardo un montón de rato en hacerle entender que soy turca. ’¡Ah! Así que eres europea también’, se sorprende: ’Hubiese preferido una filipina, son más dóciles’.
Luego me cuenta que vive en una casa enorme con una fachada de piedra que los turistas siempre fotografían. Le pregunto el nombre del pueblo, pero no me lo dice. Lo que me dice es que iremos a la Costa Brava de excursión, los dos. Con éste no hace falta fingir ni el mínimo acento. Me pagará 60.000 pesetas al mes, dormiré allí, tendré un día libre a la semana. ’Son las tarifas’, me hace creer. ’Un viejo solo que no esté enfermo son 60.000. Si fuesen dos viejos, serían setenta, si fuesen tres, ochenta...’.
De lo que deduzco que para poder vivir tendría que cuidar a siete u ocho ancianos (sanos).
’No busques más, son las tarifas habituales’, insiste. Y luego, me promete que si soy honrada me dará un premio. ’Yo tuve a una dominicana (ésas son unas vagas) y un día que fui al restaurante a comer me robó el carné de identidad, para hacerse papeles para ella y para toda su familia’, desvaría. ’Si me robas tendré que denunciarte como a ella. Yo he sido inspector de la Renfe, te lo advierto’.
Jaume me anuncia que al día siguiente cogerá el Catalunya Exprés y a las diez estará en la estación del paseo de Gracia. Nos encontraremos en la parada de los taxis. Como detalle hacia mí, me dice que vendrá con un gorro ’árabe’ en la cabeza que le regaló un amigo musulmán. ’Así me conocerás y yo te abrazaré y te daré un beso’, me promete, cosa que ya me asusta un poco.
Cuando nos encontramos, no sé muy bien cómo, el hombre empieza a hablarme de sexo. Me cuenta que él ’ya no puede hacer el amor’, pero que sin embargo le gustan los vídeos pornográficos y la educación sexual. Al rato ya me está contando cómo se pone un preservativo.
Que la persona para la que trabajarás te empiece a hablar así, cuando te acaba de conocer, de verdad que da mucho miedo. Una mujer sin papeles podría desaparecer en esa casa de piedra, y ¿quién la buscaría? ¿Quién me ayudaría si este hombre me hiciera daño?
En un momento dado, Jaume me empieza a sobar de arriba a abajo, con unas manos muy fuertes, como agarrotadas, y cuando quiero quitármelo de encima, cuando le digo que me deje, me amenaza con denunciarme y grita que le he robado. Todo el mundo me mira. Salgo corriendo.
Me llama un tal Marcos y me dice que busca a alguien para que le limpie la tienda de comestibles, así que quedamos en una gasolinera cercana a su casa. ’No te engañaré, habría preferido una cubanita’, me confiesa cuando me ve, pero aun así está dispuesto a contratarme. Me doy cuenta de que todos se han hecho una composición injusta y estereotipada de las mujeres según su procedencia: cubana igual a cachonda, filipina igual a sumisa, rusa igual a tía buena...
’Me gustaría que limpiaras mi tienda de comestibles, por las tardes, por 10.000 al día. ¿Te parece bien?’. Me parece increíble.
’Pero lo que busco es que seas liberal’. Si no fuese tan triste todo esto, me echaría a reír. Limpiar siendo liberal.
Le digo, tímidamente, que preferiría no ser liberal. Se sorprende: lo que me propone no se puede llamar prostitución, me aclara con educada impaciencia: ’No, no, no es acostarse en plan industrial, mujer, yo soy particular’. Le digo que no, y ya no es educado:
’Hay más putas que clientes, ¿sabes? Y las putas son personas estupendas, muy honradas, que te enteres; los que no son honrados son los que roban y los que mienten como vosotros, que me parece que vienes tú del limbo. ¡Putos moros!’.
Mohamed me presenta a su hermana, Naïma Bhakat. Me acogen en su casa. Cuando llegamos, Naïma está terminando de comer mientras ve un programa de cotilleos. Después charlamos, pero la tele se queda encendida. En el telediario no paran de hablar de ’avalanchas’ de inmigrantes que cruzan el Estrecho. Naïma trabaja en el servicio doméstico, pero por su cuenta. Empezó de interina. Conoció a su marido (también marroquí) en Barcelona y se casaron en el pueblo de ella. ’Dos años de trabajo sirvieron para pagar la boda’. Tienen una niña pequeña y Mohamed, que es soltero, vive también en la casa.
Naïma prepara un té y, cuando lo estamos tomando, hace algo que millones de casados del mundo, no importa la religión o el lugar donde vivan, están haciendo en estos instantes. Nos enseña el vídeo de su boda. Su hermano, sin embargo (y esto también es igual en todas partes) es el que no suelta el mando. Hablamos de esto y aquello. Mohamed me cuenta que sólo se casará con una mujer que adopte su religión. Y añade: ’Me dan pena estas chicas que vienen aquí en busca de una merecida libertad y confunden libertad con libertinaje. Descubren la noche, beben...’
Durante estos días, obligados por el reportaje a hacer de marido y mujer, discutimos todo el rato el uno con la otra. Él y yo tenemos ideas propias y muy distintas sobre la vida. Después de pelear como urogallos, sin embargo, nos reímos bastante.
En las tiendas de ropa elegante, esas tiendas que tienen pestillo, no me abren. Me ven y me dicen que no con la mano, desde dentro, como si yo pidiera limosna.
En los grandes almacenes miro las joyas. Directamente, no me atienden, aunque espero 15 minutos. Las empleadas hacen como que tienen trabajo, se van y no vuelven.
Voy a la sección de perfumería. Espero con el monedero en la mano. Una chica se cuela. No es mala intención. Es que no cree que yo quiera comprar nada.
’Le toca a esta señora’, dice, tímidamente, la empleada jabonera. Con la chilaba y el pañuelo soy una señora. Me sonríe con educada impaciencia. Señalo un jabón para pieles mixtas. ’¿Jabón para pieles mixtas?’, repite, afirmando, con cantinela perfumera. Me lo enseña. Está nerviosa. Le doy mi tarjeta de crédito. Hay un revuelo imperceptible en el mostrador.
Enrojece. No quiere ser desagradable. No quiere que pase nada. No es racista. Le doy el pasaporte antes de que me lo pida. Parece aliviada. ’Tendremos que mirar la última página...’, canta también, refiriéndose al pasaporte. Comprueba que mi pasaporte y mi tarjeta de crédito coincidan. ’¿Pero esto dónde es?’, me pregunta. Esto es mi pueblo, en la provincia de Barcelona (parece que también le suena muy raro). Se las lleva. Vuelve. Se las vuelve a llevar y llama al encargado. Pasa tanto tiempo que seguramente el jabón ya ha caducado. El encargado me pregunta si el pasaporte es mío. Finalmente hay consenso: ¡me cobrarán! Nunca un comprobante ha sido tan sospechoso, al salir. ’Tendrá que firmar, ¿eh?’, me advierte ella. Bueno, pues firmo. ’Sobre todo, por su bien, no pierda esto’. Esto es el tique de caja. Lo llevo en la mano, muy visible, pero en la puerta, el vigilante de seguridad cree oportuno registrar mi bolso, registrar el jabón y comprobar mi carné.
Por la noche, con Mohamed vamos al Maremágnum, la zona de ocio nocturno de Barcelona, en el puerto. Lo hacemos por rutina. En Barcelona y en todas las ciudades, igual que se hacen guías de lugares para tomar copas, se podría hacer la Guía alternativa de lugares donde gitanos, moros, sudacas, kosovares, etcétera, no pueden entrar.
Es difícil hacer fotos porque los vigilantes de seguridad están muy alertados. Día sí y día también hay incidentes. El último bochorno fue que le prohibieron la entrada a un famoso escritor marroquí que estaba unos días de promoción en la ciudad.
’A éstos hay que dejarles pasar, que si no te montan el pollo’, oigo que le dice un portero a otro. Sin embargo, no todos lo ven igual y en un local donde pretendemos entrar hay ’una fiesta privada’. Como Mohamed discute con él, conseguimos que avise a todos los vigilantes del recinto, que son muchos y empiezan a seguirnos. Al cabo de un rato, un amigo catalán que nos acompaña entra sin ningún problema. Seguramente la fiesta privada ya se ha acabado. Nada que no sepamos.
Sin esperanza, llamo a una administración de fincas, pequeña, donde conozco a Miquel Ángel. A estas alturas soy muy desconfiada con los hombres, pero éste todo el rato habla de su mujer (Montse, que es peluquera) como si estuviera muy enamorado. Es un alivio. Le explico mi vía crucis inmobiliario y baja los ojos, avergonzado.
’La mayoría de administradores no les alquila a los musulmanes’, me confiesa al cabo de un rato. ’No tiene nada que ver con que ganes poco o mucho dinero. Son los dueños que no quieren. En cambio, los chinos les hacen gracia. Los americanos, ningún problema. Argentinos, no; chilenos, sí; magrebíes y kosovares, jamás. Los dueños no quieren’.
Le escucho.
’Nunca te dirán que no, claramente’, me cuenta Miguel Ángel. Su apellido es Romero y el lugar donde trabaja Fincas San Andrés. No tengo un especial interés en poner nombres, pero lo que me cuenta es tan increíble que temo que ustedes crean que me lo invento.
’Tú ya lo has visto. El que te enseña el piso pierde la visita. Te lo enseña, redacta el contrato, pero en el último momento te pone una pega para intentar desanimarte. Te habrán pedido algo imposible de conseguir (seas de Tánger o de Manresa) como un aval bancario, ¿no?’.
Me cuenta que son los propietarios del piso los que le dicen al administrador: ’Por favor, no me pongas en este compromiso’.
Félix, el hermano de Miguel Ángel, se nos acerca. Dice que a pesar de que la culpa es de los dueños de los pisos, los administradores son cómplices de la situación.
Cuenta Félix que los emigrantes ’somos’ los más cumplidores, porque sabemos lo que cuesta conseguir un techo y, sobre todo, porque nos exponemos a la expulsión; es decir, que los dueños no es que tengan miedo de que no paguemos. Pero le preguntan al administrador: ’¿Y tú qué harías? ¿Vivirías al lado de un magrebí? Crees que en la escalera del alcalde o del president de la Generalitat hay magrebíes?’.
’Los chinos les hacen gracia’, sigue Miguel Ángel. ’Un chinito’, te dicen. ’Es terrible esta manera de ver al extranjero. Gitanos y musulmanes os lleváis la peor parte. En la administración teníamos el piso de una señora millonaria de Portugalete. Vino el abogado de los clientes y nos dijo: ’Mis clientes se lo quedan’. Cuando alguien quiere quedarse un piso sin verlo es porque normalmente tiene problemas para que le alquilen. Eran gitanos. Llamé a la señora en un aparte. Me decía: ’Ay, Dios mío, Dios mío, está en tus manos, ¿cómo los ves?, ¿cómo los ves?’. ’Como todo el mundo señora’. ’Ya, pero son gitanos’. No quiso. La clienta llorando, decía: ’Por favor, que es la segunda vez que nos pasa’. Ese día lo vi claro. No puedes ser cómplice de esta gente’.
Le pregunto qué se puede hacer y me da algunos consejos. ’Nunca demuestres prisa. No digas ’lo quiero para hoy’. Si puedes, abre enseguida una cuenta corriente. Si no tienes papeles pero trabajas en negro, procura ingresar cantidades regulares cada mes. De esta manera, la inmobiliaria podrá pedirle al banco lo que se llama una carta de confort. Eso significa que el banco cree en tu solvencia. Es ilegal que te pidan que firmes la renuncia voluntaria al piso. Te la habrán pedido’. Le digo que sí. Me cuenta que esta cláusula permite al dueño echarte del piso mañana mismo, si quiere.
’Nunca te fíes de esas inmobiliarias que te piden dinero a cambio de darte direcciones de pisos. Es una estafa. Viven de vosotros’.
También he ido a una de esas inmobiliarias, claro. Y también me han estafado.
’Pero tienen el símbolo del Ayuntamiento y la Generalitat en el anuncio’, protesto.
’Eso significa sólo que en caso de conflicto no se someten a los juzgados, sino al servicio de consumo de la Generalitat. Nada más’.
Después me promete que me encontrará el piso. Ahora, cuando escribo esto, ya lo tengo.
Me sale un trabajo. Dirán ustedes que setenta mil al mes por vivir en una casa extraña, levantándote a las siete y acostándote a las doce, y con un solo día de fiesta a la semana, es una explotación. Sí, claro. Pero después de Carlos, de Jaume, de Marcos y de todos los demás, cuando me llama una mujer con tres hijos no puedo creer en mi suerte.
Cojo un autobús a la Bonanova, una zona bien de Barcelona. En el autobús veo a otras extranjeras que seguramente también trabajan en el servicio doméstico.
Me recibe la señora. Se llama Laura, dice. Va vestida de blanco, con una ropa de estar por casa como de punto. Tendrá unos 45 años y es guapa y delgada. Pasamos al salón, donde hay una mesa baja llena de libros de arquitectura y bolas de madera, encima. Me pregunta si quiero tomar algo, y mi obligación es decir que no.
Me pregunta si sé cocinar al estilo europeo. Supongo que se refiere a si sé hacer judías tiernas con patatas, o tortillas, o sea, que digo que sí. Parece amable, demasiado, se diría. Me habla, sin querer, como si yo fuera una niña. Me enseña los electrodomésticos. Esto es un calentador, esto es una lavadora, ya te enseñaré a usarla, como si a mí, al verlos, me tuviese que dominar la maravilla. El piso es blanco. Nada de paredes amarillas y sofás azules como en las casas de clase media. Todo blanco. Laura me pide las referencias. ’Comprende que tienes que cuidar de unos niños’. Tengo unas referencias inmejorables, yo misma me las he escrito. Me enseña mi habitación, una habitación decente, con retrete incorporado. Comeré en la casa. ’¿Podrías ir sin la chilaba y el pañuelo?’, me susurra. ’El pañuelo, no’. Es para disimular el pelo corto (la peluca es muy chillona). ’¿Tienes que rezar cinco veces al día, no?’. Quiere saber toda diversidad y mestizaje. Y después, con su buena fe, me pregunta una cosa que me preguntarán muchas veces durante estas dos semanas. ’No pruebas el cerdo, supongo’.
Quedamos en que iré a trabajar dos días (de prueba) ’a ver si nos gustamos mutuamente’. Me los pagará. Le digo que puedo empezar en ese mismo momento y le gusta que esté tan dispuesta. Empiezo. Sin soltar el móvil, limpio a fondo la cocina. Es una cocina lujosa de un opaco simpático. Ella entra todo el rato para decirme cómo tratar el acero inoxidable y la vitrocerámica. Los trato bien.
Llega el marido, Joan Ramon, y les oigo hablar de mí (no pueden sospechar que el catalán es mi lengua, claro, y que les entiendo). Comentan lo trabajadora y discreta que soy. Les asusta que no tenga papeles. El marido me saluda, en turco (habrá estado allí de vacaciones). Contesto sumisa y agradecida. Me preguntan si quiero quedarme a dormir esa noche, y digo que bueno, que iré a recoger las cosas. Les estoy gustando mucho, soy tan callada...
Y entonces les pongo a prueba. El marido (más curioso o menos tímido que la mujer) me pregunta cosas de mi vida en Turquía. Podría decirles que era campesina y que vivía en un pueblo sin electricidad, y les encantaría. Pero no se lo digo. Les digo que era profesora en la Universidad de Ankara y que escribía en un periódico. Les cambia la cara. No les gusta. Sigo metiendo la pata. Me ofrezco para dar clases de inglés y alemán a los niños, mientras los cuido. No contestan. Ella sonríe. Me pregunta con educada impaciencia:
’¿Pero has trabajado antes de esto? ¿Ya podrás? Ya sabes lo que son tres niños’.
Me proponen, entonces, que mejor me vaya a dormir a la pensión y que me lo piense. Ellos también pensarán y ya me llamarán. Me pagan la tarde de trabajo. Me voy y no me llaman.
Cuando llego a mi casa, me ducho con agua (caliente). Enciendo la radio. En el programa que oigo nos dejan oír las palabras que dijo Marta Ferrusola, la esposa del president de la Generalitat, el martes pasado, en un coloquio en Girona, a propósito de los inmigrantes: ’Tenemos que estar abiertos, pero esto de las imposiciones es una cosa muy fuerte, porque de aquí a diez años las iglesias románicas no servirán, servirán las mezquitas; su imposición es constante...’.
29/01/2006
“Individualistas unánimes” por Javier Marías.

No ha pasado ni una semana, cuando escribo esto, de la entrada en vigor de la represiva ley antitabaco, y de momento las mayores protestas que he visto –en encuestas de televisión, en cartas al Director– han sido, asombrosamente, por parte de no fumadores que la juzgan insuficiente y aun contraria a sus intereses. Encuentran fatal, por ejemplo, que los bares y restaurantes de menos de cien metros tengan libertad para elegir si su local albergará humos o no, porque comprueban que muchos de ellos han optado por consentirlos, y estos no fumadores, a los que parece fantástico y justo que los sí fumadores salgan a la intemperie a echarse sus pitillitos, no están dispuestos, en cambio, a desayunar al aire libre si no dan con un solo café o bar de “atmósfera limpia” (creerán ellos que es limpia, como la de las calles) en su pueblo o en su zona, y pretenden, por tanto, que se obligue a algunos de ellos a prescindir de su elección. Y los pocos no fumadores que se han mostrado momentáneamente contentos aducían, curiosamente, no su propio bienestar, sino que “prohibir está muy bien”, o que “ya era hora de que se impidiera fumar a la gente”, dando así a entender que no les molesta solamente que se fume en su presencia, sino que se fume a secas.
Si hay algo detestable y arraigado en el mundo (y en particular en España) es el proselitismo. Para mí es, sin duda, la causa principal de las guerras, de las opresiones, de los fanatismos, de que las religiones suelan ser intolerantes, de los nacionalismos, de las dictaduras, de los terrorismos, de las tiranías y de casi todos los odios. Y en España se cultiva tanto, en sus muy diversas formas, que a veces pienso que lo raro no es que haya habido aquí unas cuantas guerras civiles, sino que no las haya permanentemente. Claro que si no es así se debe, en parte, a que de tanto en tanto las gana algún bando e impone durante largos años sus leyes, sus prohibiciones y sus ideas a todo el mundo. Ahora llevamos treinta años –desde la muerte de Franco, el último que logró imponerlo todo– predicando la tolerancia, y llevándola en ocasiones, formalmente, a extremos tan ridículos como falsos: ya saben, el sujeto que proclama que “toda oposición es respetable” cuando no lo son, por ejemplo, que haya que quemar a los mendigos o que expulsar a todo inmigrante. Pero lo cierto es que, en la práctica, tal concepto es casi desconocido. Hay un español frecuentísimo que es proselitista por naturaleza, y tiende a querer que nadie haga lo que él no quiere hacer, y que todos crean lo que él cree, y que nadie tenga los derechos que maldita la falta que a él le hacen. Aún no distingue entre posibilidad y obligación. Es aquel individuo que consideraba en su día la posibilidad de divorciarse –quien quisiera hacerlo–, una amenaza para su matrimonio y para el Matrimonio; o la posibilidad, ahora, de que una pareja homosexual se case, un atentado contra la Familia y la suya; que la gente siga fumando, un peligro para su salud y para la Salud en abstracto; que beba, una incitación al general alcoholismo; que juegue, un camino seguro hacia la ludopatía colectiva y la holgazanería y la ruina; que compre sexo, una explotación de todas las mujeres, y así hasta el infinito, olvidando siempre que a él nadie le obliga a divorciarse, a contraer matrimonio con su vecino, a fumar, a beber, a jugar ni a ir de putas. Ese español frecuente aún considera que lo que él no desea para sí no debe existir para nadie; que lo que le parece inmoral o “pecado” ha de quedar desterrado de la sociedad entera; si es nacionalista catalán o vasco, que no son merecedores de ser tenidos por catalanes ni por vascos cuantos no se enardezcan como él con su patria; o, por supuesto, si es nacionalista español (cuán idénticos son todos), que deben ser forzados a serlo con su mismo fervor cuantos no se sientan españoles o no lo quieran ser en modo alguno.
Hay un español frecuente que jamás se limita a tener sus creencias, profesar su religión, cultivar sus costumbres, pensar sus vacuas ideas y abstenerse de lo que él juzga “vicios” … tranquilamente y sin proponerse convencer a nadie de caminar por su senda. Siempre se ha dicho que el español es individualista y que rara vez se une a sus compatriotas en ninguna empresa colectiva. Tal vez sea verdad que no nos unimos libre y voluntariamente, pero desde luego es falso que nos conformemos con vivir cada uno aislado, a su antojo, y sin intervenir en lo que los demás elijan. El ansia de ese español frecuente es que todo el mundo, más que unirse a él, lo secunde y lo imite, de buen grado o a la fuerza. Si no fuera una contradicción en los términos, podría decirse que la aspiración de ese español es un extraño, prohibitivo y dictatorial país de individualistas unánimes.
20/12/2005
En el labavo público.

Casi 31.000 personas forman el núcleo urbano de Almendralejo. Es una ciudad pequeña, perdida en el corazón de Extremadura, encajonada por un escudo de sierras y arropada por una inmensa nube de contaminación procedente de las alcoholeras y de la quema de residuos vitivinícolas.
Estos problemas medioambientales son realmente serios, sobre todo cuando forman parte de un entramado de intereses económicos y alcaldías corruptas. No estamos hablando de la explosión de Hyderabad pero, os lo puedo asegurar, tampoco es la fiesta de la espuma.
El portavoz del gobierno municipal ha declarado recientemente, en respuesta a las peticiones de cese y cierre por contaminación atmosférica, que «está demostrado científicamente que los olivos que hay en los alrededores de la ciudad perjudican a las personas que son alérgicas y nadie ha pedido que desaparezcan». Extremadura, si vale la pena desde aquí promulgarlo, tiene una larga tradición en caudillos ad aeternum que esta democracia no ha conseguido extirpar…
Ecologistas y gente de pie están en alerta ante la situación actual, así como ante la refinería planeada por el Grupo Alfonso Gallardo y han creado una Plataforma contra la contaminación. Puedes visitarlos en perso.wanadoo.es/plataforma_cc/ . A lo largo de toda la Ruta de la Plata se puede leer como esta Tierra de barros ha marcado sus muros con el slogan “refinería no”.
Yo, atendiendo a unas urgencias fisiológicas más habituales, cierro la puerta del lavabo de la Estación de Autobuses, que por alguna extraña razón estaba abierta, y me dispongo a mear cuando en el reverso de la puerta leo: “España de Marruecos como en el siglo 8” y abajo continúa “dos marroquíes buscan dos maricones para robarles y matarles a ellos". Todo perteneciente a una misma caligrafía generosa con sus errores de ortografía y horrores de redacción.
La verdad es que esa puerta plantea un dilema. Paso por alto la idiotez de la España marroquí porque esa es una frecuente manipulación histórica, falsa y gratuita que suele inundar la cabeza de los extremistas del sur. Los del norte, llamaban al Sahara español y hablaban de “reconquista” para referirse al avance territorial católico en el medioevo.
Ambas posturas son igualmente erróneas, ni existía una reconquista -toda la tradición visigótica estaba más que perdida para cuando los reinos del norte se expandieron- ni eran “marroquíes” como hoy los entendemos aquellos que desembarcaron en la península ibérica en el siglo VIII.
Lo preocupante es que la homofobia y la misoginia también cruzan el estrecho. Una mujer tiene todo el derecho a cubrirse y descubrirse lo que le plazca, aquí, allá o en Indochina. Lo inquietante es conocer casos de homosexuales que cumplen condena por ser tales en Marruecos o de mujeres que viven sometidas a ridículas restricciones coránicas en España.
Yo defiendo la multiculturalidad a ultranza. Por ejemplo, creo seriamente que no tener sexo hasta los 18 en un país como Somalia, sería totalmente absurdo, dada la altísima tasa de mortalidad infantil que existe en África oriental y la pobre esperanza de vida. Por lo que comprendo que las prácticas sexuales comienzen a edades distintas en lugares diferentes. Pero la mutilación genital infantil me genera un dilema. Sí, es parte de su cultura y no puede realizarse por ley en Europa ni quienes la realizan en su país de origen pueden introducir a esos menores sin ir presos. Pero ¿debe ser permitida? Antropólogos de la UAB han planteado este dilema -arrestar a padres que creen que están haciendo lo correcto es complicado- y es difícil llegar a conciliar prácticas ancestrales con reivindicaciones modernas.
Cada cultura impone su ley de acuerdo con sus creencias, eso está claro, pero que sucede cuando ello significa perseguir, lapidar o arrestar individuos que en Europa podrían vivir haciendo lo mismo en total libertad.
Ser infiel no es lo mismo en Irán que en Francia, ese affair tiene precios muy distintos según donde y quién lo viva. ¿Debemos globalizar nuestros criterios occidentales? ¿Y no caeremos prácticas abusivas como Estados Unidos en su empeño de autodenominarse defensor de la democracia? ¿Deben imponerse unos criterios sobre otros? ¿Cúales? ¿Cómo se impondrán y sobre quién? ¿Por qué razón no son los valores iranianos los que deberían imponerse?
Somos un mundo comunicado en nuestra propia incomunicación, y no tenemos una única ley, sólo compartimos una misma humanidad. En la práctica esto quiere decir que la aplicación de la ley tiene consecuencias muy distintas para los seres humanos. En España los homosexuales celebran su boda en bonitos hoteles, a unos pocos kilómetros, en Marruecos, ambos estarían en prisión por un mínimo de cinco años.
Ya acabé, me cierro el pantalón mientras me miro en el espejo y cruzo la puerta del lavabo más confundido que aliviado. Es posible que reeducar a los inmigrantes más jóvenes sea una solución en España pero para resolver ese otro dilema vamos a necesitar más que una manito de pintura sobre esa puerta.
08/12/2005
Odios Inmortales sobre gente común.

-¿Pero que se han creído? ¡Esto es el colmo, señores!- Esos ojillos acuosos sepultados bajo una profusión de rulos oxidados miran con desprecio a un camerunés. El camerunés se mueve al fondo del bus mientras un chaval se tapa la nariz. La señora mayor que está a mi lado abraza su bolso como si escondiera secretos de Estado.
No es un autocar de la Asociación Católica de Propagandistas, es un autobús urbano en hora punta. Un transporte usual, en una ciudad común, gente normal y yo a punto de gritarles: ¡Idos carajo, imbéciles! Pero me contengo
Hoy los fachas que piden “civismo”, son los bisnietos de los que en el siglo XIX pretendían “civilizar” al mundo. Vieja cadena de predicadores del odio, aprendices de inquisidores, ayudantes de dictadores, fervientes xenófobos, monstruos varios.
Hoy vuelvo a constatar que por mucho que intentes hacer, el racismo se enseña y reproduce, gobierna y avanza con mucha más virulencia que la tolerancia. La no-violencia de Mahatma Gandhi finalizó un día de Enero del ’48 con tres disparos desgarradores.
Yo, que no soy ni Gandhi ni Harold Pinter, pero que también pienso la invasión de Irak fue "un descarado acto de terrorismo" de Estado, un “acto bandido y una demostración de un desprecio absoluto a las leyes internacionales" sospecho que si el mismísimo premio Nobel de Literatura 2005, lanza una acusación tan seria y no pasa nada, nada va a pasar.
Si alguien de prestigio social, reconocido internacionalmente, admite abiertamente que "hemos traído torturas, bombas masivas, uranio, innumerables actos de asesinatos aleatorios, degradación y muerte para los ciudadanos iraquíes y lo hemos llamado libertad y democracia para Oriente Próximo” y Blair y Bush se pasan sus declaraciones por el culo, status quo.
Todo el peso moral de este señor se anula al mover unos hilos y sus palabras sólo son noticias de un día. Miradme a mí, minúsculo, insignificante. ¿Qué puedo hacer yo?
Cierro el grifo cuando me lavo los dientes para no derrochar agua mientras Estados Unidos de América se niega a firmar el Protocolo de Kioto sobre el cambio climático. ¿Van a hablarme del granito de arena?
No, gracias. Paso. Yo no soy educador social ni sexual. No puedo batallar desde un blog ni desde mi día a día con cíclopes miopes y gigantes inmortales. Hoy me he cansado de intentarlo. Porque, al igual que hace año y medio, cuando extraje de la letra de Cohen “Everybody knows” unas líneas para escribir “A de Afganistán, Ay de Irak”: todo el mundo sabe que los dados están trucados, que los chicos buenos perdieron… y que no haremos mucho más al respecto.
02/12/2005
"Argentinos no."

Es invierno. Baja del coche con un mapa en la mano. La pobre acaba de llegar a un pueblo del pirineo catalán para visitar a su amiga porteña -nacida en Buenos Aires, para entendernos- y no tiene ni una vaga idea de lo que se va a encontrar.
Cuando armas un puzzle de esos que tienen parajes montañosos, normalmente te parece que aquello debe ser un paraíso de calma y sosiego. Ese pensamiento y el buscar y rebuscar entre piezas níveas, embotan la mente y acabas creyendo que esas montañas, majestuosas e impenetrables, deben ser un lugar idóneo para encontrar la paz y alcanzar el Nirvana.
Si eso es así, lo que resulta incomprensible es por qué, cuando finalmente pones un pié en los Pirineos, lo segundo que dices es: “Menudo pueblucho de mierda”, porque lo primero es, lógicamente: “Hace un frío que pela”.
Es que sólo la gente de ciudad puede encontrar paz en la montaña. Tienes frío, un frío horrible, tanto frío que te duelen las orejas y sientes como si hubieses sumergido la nariz en nitrógeno líquido. Si hay tormenta de nieve, no ves nada. Si es un día soleado, la montaña hace que sólo haya tres horas de sol.
Pues allí estaba ella, en el medio del pajonal seco, colina arriba, murmurando atrocidades.
Le costó media tarde encontrar la aldea, y no porque lo haya conseguido está menos agobiada.
Es un pueblo, todos se conocen. Apenas apaga el motor, una puerta se abre frente al coche y de ella se escapa una cabeza viejecita y preguntona: -¿Va a aparcar aquí?-
La viejita era gordita, minúscula y bigotuda como una muñeca rusa. Aquello que en cualquier ciudad del mundo hubiera sido una pregunta absurda, allí marcaba la pauta.
-¿Puedo?- deja escapar mi amiga con su acento inequívocamente latinoamericano.
-¡Por supuesto! ¿Viene de visita?-
-Ahá.- Afirma ella preocupada al ver que el cuestionario se extiende.
-Claro que puede aparcar, tranquila. ¿Viene de turista?-
-No, no. Vengo a visitar a una amiga que vive aquí.-
La viejecita, que ni siquiera se molesta en ocultar su curiosidad arremete con ganas: -Ah… que bien, ¿viven aquí?-
-Sí, es la chica que restaura muebles, que vive en la casona.-
-No se quién es…- duda el compungido rostro de garbanzo.
Mi amiga comienza a responder -Clara, la argenti….- cuando la vieja, interrumpiéndola, grita con los ojos desorbitados: -¡Quite inmediatamente este coche de aquí!-. Y acto seguido pega el portazo de rigor.
“Clara, la argentina”. En algún lugar de los Pirineos esa era la descripción de un problema. ¿Por qué los argentinos suelen caen tan mal en España?
En los setenta, en medio del éxodo porteño, Madrid se hizo eco de una “banda de atracadores argentinos” de pisos. A la prensa le encanta internacionalizar el delito, el crimen y el terrorismo. Es una debilidad conocida que se ha generalizado en estos días. En respuesta a ello los clasificados madrileños de inmobiliaria escribían textualmente al finalizar el anuncio: “Argentinos no.”
-Es esa forma de hablar arrogante.- me comenta una conocida de aquí. Y yo me canso de oír siempre los mismos tópicos sobre la inmigración. Hay argentinos sencillos y peruanos sobrios. ¿Por qué decirlo parece un chiste?
Hoy, cuando en una investigación ponen a un argentino al teléfono, muchas inmobiliarias responden: “Ya está alquilado”.
Diez minutos después, cuando llama un nativo, en Madrid, Barcelona o Valencia “puede pasar a verlo cuando quiera”.
Me quejo frente a una madrileña hasta que la remuevo del sofá y me dice: -Mis vecinos de abajo son venezolanos y se pasan todo el día y todas las noches gritándose y haciendo bulla. ¿Te parece normal?-
-Sí.- respondo. Mi vecina de arriba es española y todos los domingos a las 5 AM vuelve de marcha y deambula por la casa con los tacones puestos.-
-Yo creo que deberían adaptarse.- continúa ella ignorando mi respuesta.
Me viene a la cabeza el artículo “Inadaptados y tan felices” pero en lugar de soltarle el rollo le pregunto: -¿Has vivido fuera de España?-
-No. Sólo viajé a Alemania… y a Estados Unidos, de vacaciones.-
-Pues me imagino que habrás salido de fiesta por ahí.-
-No, era una niña.-
-Pues es igual. En Los Ángeles las discos cierran a las doce y estoy convencido de que si fueras allí te parecería una locura acabar la fiesta tan pronto.-
-Pues no. Me iría de fiesta yo sola, por ahí, sin molestar a nadie.-
-Exactamente. Y a falta de un bar abierto harías botellón en Redondo Beach. Cantando éxitos de Mecano y de la Cabra Mecánica por Torrance Bulevard como loca, ¿no?. Bueno. Pues eso está prohibido en Los Ángeles, y a diferencia de Madrid, esa ley se cumple a rajatabla.
Ella me miró incrédula. Dijo algo de beber en el coche pero también se dio cuenta de que no era ni siquiera una opción.
Mirándola con desconfianza, yo pensé: “Seguro que esta tampoco se saca los tacones cuando regresa a casa.”
25/11/2005
El Poder de la Chusma.

Arde Francia. 28.000 coches incendiados, 17.000 contenedores de basura achicharrados y 5.760 casos de daños a bienes inmuebles. Estas fiestas cualquier francés estaría encantado de decorar su árbol navideño con la cabeza –o las bolas- de Jean-Francois Cordet. El Perfecto pasó tristemente a la fama por llamar “chusma” a los habitantes de los barrios periféricos más pobres.
Hace más de un año, en este mismo blog, publiqué el artículo “Islamofobia barcelonesa” que narraba cómo los catalanes habían dejado en los 70’s a los inmigrantes andaluces y murcianos llegados a la ciutat comtal en las afueras de la ciudad, dentro de inmensos los suburbios de armigón, lejos de su vista. Curiosamente el tren que los traía era apodado “el TransMiseria”...
Durante toda la primera semana de Noviembre los canales de TV de España se preocuparon, no en indagar las verdaderas razones por las cuales sucede esto en el país vecino, cosa que nunca llegamos a saber –no sea que nos den ideas a los inmigrantes- sino porque no suceda aquí, en casa. El titular más publicado fue “¿Es posible que pueda extenderse la ola de violencia a España?”
En Madrid o en Barcelona los alcaldes o las organizaciones se reunieron con colectivos de inmigrantes preocupados porque los muchachos se queden tranquilitos.
No pasó nada, en Valencia ardieron varios coches pero como los valencianos son medio pirómanos, no se disparó la alerta en las negras tintas de los periódicos.
Por si las moscas Zapatero les pidió a los polis que, mientras en algunos barrios de París reinara el toque de queda, aquí en España tanto el Barrio Chino barcelonés como la Ruzafa valenciana sean más vigiladas. ¡Si tenías la piel morena no podías encender ni un puro tranquilo!
Resulta escandaloso y patético que la cuna de la revolución de 1789 reprima con armas de fogueo y toques de queda a quienes, como dijo un abuelito franchute por TV, están efectuando “una reivindicación justa mediante un método discutible”.
Todos los pobres queremos igualdad de oportunidades y todos los marginados luchamos como podemos contra la discriminación: éste es el poder de la chusma.
Leyendo “El amante bilingüe”, la previsible novela de Joan Marsé, me encuentro al comienzo del “Cuaderno 3” la siguiente frase "me tomó por un charneguillo de los muchos que entonces infectaban el barrio... mi aspecto desastrado hicieron el resto." Escandalizado cierro el libro por la mitad para abandonarlo definitivamente. En la portada leo “Colección de autores españoles e hispanoamericanos”, aquello me asombra aún más por el tinte xenofóbico del texto que constantemente cosifica al inmigrante como una bestia inculta, analfabeta y maloliente. Asombrosamente el texto fue Premio Ateneo de Sevilla en 1990, un mal año para la literatura, evidentemente. Pero entiendo todo cuando leo el apellido del director de la colección, Borràs Betriu y los de su consejo de redacción: Arbó, Plans, Pujol, Vilaró....
Podrán editar o mandar, producir bazofia o decir que la violencia de la segunda generación de inmigrantes de aquí y de allá es inexplicable, es animal, es antipatriótica. Pero fíjate que aún así, con todas las herramientas a entera disposición, no convencen.
22/11/2005
"Rolando no es Ronaldo" por Xosé Hermida.

Rolando Buenavilla ya no se esfuerza en corregir a la gente cuando le llaman Ronaldo. Rolando, nacido en La Habana hace 42 años, lleva 11 en España, más que el futbolista del Madrid. Desde que llegó Ronaldo y se hizo famoso, Rolando tuvo que acostumbrarse a que muchos de sus vecinos y conocidos alterasen el orden de tres de las letras de su nombre para hacerlo tocayo del delantero brasileño. Él lo entiende y lo disculpa, porque Rolando, dice, "es habitual en América, pero suena extraño aquí".
Rolando Buenavilla es mulato como su falso homónimo, al que le une otra particularidad: ambos acaban de hacerse españoles. Pero en este caso la diferencia ha sido algo más que el orden de tres simples letras. El goleador adquirió la nacionalidad diez meses después de haberla pedido. Rolando, casado con una gallega desde 1998 y con una hija de seis años, ha tenido que esperar cuatro años para completar el mismo trámite.
Isabel Cadenas, funcionaria de la Xunta de Galicia, suspira al recordar las horas de sueño que le ha hecho perder la nacionalización de Rolando, su marido. Isabel pensó que todo había acabado hace un mes, cuando él acudió a los juzgados de Santiago de Compostela para jurar la Constitución.
Volvió a casa como español, pero con el aviso de que la inscripción en el registro civil central, el único en el que pueden apuntarse los extranjeros, aún puede tardar hasta un año porque "hay muchísima cola". Sin ese requisito cumplido, no podrá solicitar el DNI o el pasaporte. La interminable travesía del laberinto burocrático no había finalizado del todo.
El pasado día 10, Isabel hojeaba el periódico en la oficina y leyó que Ronaldo acababa de jurar la Constitución diez meses después de haber presentado la demanda de nacionalidad. Y siguió leyendo, y se enteró que, a partir de diciembre, el futbolista ya contabilizará como un español más en la Liga, mientras su Rolando aún tendrá que esperar por los documentos que acreditan la nacionalidad.
Y como Rolando, según dice él mismo, es "un cubano poco cubano, de carácter frío", fue Isabel la que se puso al ordenador para escribir una carta al director de este periódico. "Mi marido se llama Rolando y comparte con el jugador del fútbol su color y el hecho de haber nacido en otro país, pero no comparte ni el fútbol ni el trato que la Administración le dispensa", escribió Isabel. "A mi me gustaría que alguien me explicase el derecho superior que da el tener un balón de fútbol entre las piernas".
Rolando llegó en 1993 con una beca de estudios y un título de arquitectura en la Universidad de La Habana que nunca pudo convalidar. "No dejé Cuba por desesperación", asegura. "No siempre se va uno por puras razones económicas. Si Cuba fuese próspera o yo fuese multimillonario, habría salido a expandir horizontes de todas maneras, aunque no del modo estrecho que me impuso la realidad".
Fue destinado a la Universidad de Santiago de Compostela, adonde llegó en aquella época en la que un mulato de acento caribeño aún era visto "como algo exótico". La beca no le daba para vivir y se buscó la vida como pudo en la economía sumergida. "Hice de todo, desde diseñar una revista hasta trabajar de negro en estudios de diseño y arquitectura".
En una fiesta conoció a Isabel, que ya tenía un cuñado cubano. Como su título no le permitía ejercer de arquitecto, se especializó en diseño informático y montó una empresa de consultoría tecnológica y edición de juegos de estrategia. El 12 de diciembre de 2001, tres años después de haberse casado y cuando ya había nacido su hija Ana, solicitó la nacionalidad. En esa época Ronaldo aún jugaba en Italia, adonde se había ido en 1997 tras un efímero paso por el Barcelona y de donde regresó para fichar por el Madrid en el verano de 2002.
Para Rolando e Isabel llegaron entonces los interminables requerimientos de documentación, la sucesión de entrevistas personales y las noches de insomnio. El expediente estuvo paralizado un año porque la pareja se trasladó de domicilio y, aunque comunicó el cambio, la Administración alegó que no había podido localizarle para que cumpliese uno de los trámites. En enero pasado, cuando Ronaldo inició los trámites para nacionalizarse, Rolando aún trataba de averiguar en el registro civil de Santiago por qué lleva meses sin noticias sobre la resolución de su expediente.
En junio empezó a perder la paciencia y presentó una queja al Consejo General del Poder Judicial. Y por fin el Ministerio de Justicia resolvió en septiembre la concesión de la nacionalidad. Rolando juró la Constitución en Santiago de Compostela el 10 de octubre, justo un mes antes de que lo hiciese Ronaldo en Madrid. Al futbolista brasileño le costó 10 meses. Al arquitecto cubano, 46.
23/02/2005
Últimas noticias desde el Infierno: los esclavos huyen.
Hace tiempo que el blog anda parado. Quien lo visite de cuando en cuando será buen testigo de ello. A través de estos artículos se ha dibujado un camino de tratamiento de noticias, opiniones y hasta alguna que otra exigencia que ha llegado a su fin. No porque la lucha contra la xenofobia haya terminado, sino porque cualquier recorrido finaliza cuando se llega a una formulación definitiva. Asistiendo a la pequeña y breve conferencia que Javier de Lucas hizo para la Universidad de Valencia, asistí a una declaración que, por tan elemental, se me pasó por alto: “Los inmigrantes, legal y socialmente, deben tener los mismos derechos y obligaciones que los ciudadanos, al punto de que el inmigrante –que paga impuestos directos e indirectos, está sujeto a las leyes locales, etc.- o sea, que tiene muchos deberes que cumplir en el ámbito económico y legal de una sociedad sea, sin excepción, un ciudadano del país que habita.”Esa es la única meta posible, la igualdad entre ciudadanos y no ciudadanos, la muerte del término meteco.
No es sencillamente un manifiesto, es un derecho. Y debe ser reconocido como tal por la legislación de cada país, en primer lugar, y por la sociedad que lo componga.
Lo primero es posible hoy mismo, pero representaría un giro de 180º a esta Unión Europea que gana terrenos legales creando nuevos e indignantes status para los inmigrantes a través de su constitución, como es el de “trabajador extranjero con permiso de residencia”, o sea, trabajador sin derechos.
Lo segundo, el cambio social, se conseguirá sólo cuando la generación corrupta y xenófoba que nos influye y gobierna, así como sus votantes, pasen a la historia y mueran cómodamente en sus camas mientras los cuerpos flotan en el Estrecho.
Será, acaso, otro de esos cambios históricos graduales que arrasarán con miles de vidas inocentes.
Por lo pronto, el trayecto finaliza cuando se niega el status de inmigrante y se exija el de ciudadano. El derecho a que cada individuo pertenezca al lugar donde quiera en tanto y cuanto se amolde a los lógicos deberes y derechos de ese lugar, la raíz del verdadero civismo, del auténtico sentido de la convivencia.
Me olvidaba que no me creo eso de “los inmigrantes...”, se me olvidó, por un momento que, aunque muchas empresas sean esclavistas yo no creo en las bases que justifican la esclavitud, así como niego las razones por las cuales nos tachan de inmigrantes por más que eso me convierta o no temporalmente en “ilegal” o en “sin papeles”. Y si he llegado a esto no es porque yo no crea en la Ley, señores, no me malinterpreten, sino porque creo en la justicia social y fundamentalmente, en el individuo.
26/11/2004
Donde termina Europa.

Si entendemos por República de Turquía a los más de 65 millones de individuos que según el censo de 1995 la forman, no comprenderemos mucho. Turquía es, para la mayoría de los europeos una mera construcción mitológica: desde la caída de Constantinopla a los asfixiantes harenes, formados por bellas prisioneras y eunucos o, más recientemente, “Expreso de medianoche” -Midnight Express- de Alan Parker, Turquía no es más que otro inferno amparado bajo el dominio de Allah.
Los turcos, considerados por la historiografía clásica occidental como "la amenaza de Oriente", comparten este título tradicional con los bárbaros, los árabes y todos aquellos que hicieron todo lo posible para que esta cuna de cristiandad y civilización se destruya.
Desde ahí, asistimos a varios debates supuestamente objetivos que pretenden analizar la posibilidad de que ese enorme volumen de gente, “la nación más pobre”, “la más atrasada” de Europa, Turquía, entre a formar parte de la Unión Europea.
Y no es de extrañar que se hable de invasión, de conquista musulmana, de empobrecimiento de cultura extranjera, de dinamitar de las bases económicas desde la UE, porque este discurso, verdaderamente, ha sobrevivido a través de largos siglos de ignorancia.
El mundo, fácilmente divisible para la historia europeísta en la simplificación norte/sur, occidente/oriente, no reconoce matices. Las visiones alarmistas de los intransigentes -entre los que hemos de incluir a los cristianos más ortodoxos romanos, griegos y armenios- han fomentado una visión equívoca e insultante de los musulmanes en general y de los turcos en particular como gente pobre, sucia e inculta, cuando no abiertamente homicida, dispuesta a invadir religiosa, cultural y económicamente al corazón duro (sic) de Europa. Y hemos de admitir que esta caricatura del Islam ha resultado mucho más exitosa de lo que los debates actuales pueden reconocer.
Esta distorsión no se limita a reproducir esta visión distorsionada de los turcos sino que genera graves consecuencias en las negociaciones de ingreso en Bruselas o en las calles de Berlín, Zurich o Londres donde, un turco o descendiente de, tiene que enfrentar por el mero hecho de existir un conjunto de exigencias y un bagaje ideológico insoportable.
Los turcos de hoy, según extendidas visiones que abundan por Red no son más que un peligro potencial para la sociedad europea: machistas degenerados, fanáticos religiosos y tierra fecunda del terrorismo islámico. No se adaptan a la realidad de Occidente ni se integran a las costumbres europeas.
Es extraño, sin embargo, que las mismas acusaciones que caen sobre ellos sirvan de muestra para probar cuan bien integrados están.
¿No respetan los derechos humanos de los presos y convictos? Bueno, los campos de inmigrantes de Andalucía tampoco lo hacen. Inmigrantes hacinados, privados de una legítima defensa, son prueba de ello en cada deportación.
¿Le otorgan los turcos un trato inhumano a las mujeres o son lisa y llanamente machistas? Sin lugar a dudas deben competir en ese aspecto -que no ganar- con los españoles, italianos y griegos, que, según las portadas de sus respectivos periódicos, tienen las cuentas sucias y los cementerios nutridos por una extendida violencia de género.
¿No respetan la ley, sirviendo cada institución de plataforma de ascenso a un nido de tránsfugas y corruptos? Esa es una denuncia que ni siquiera vale la pena responder....
Es un hecho que todas las faltas que se le amputan se cocinan en casa, no es Turquía la única que tiene problemas de orden social e institucional. Por más que ciertos conflictos son comparativamente más profundos en su territorio, los males que crecen en Turquía nos son especies endémicas, sino el pan de cada día para los Estados integrantes de la Unión. Existen dos obstáculos que hacen que la EU y Turquía no sean una sola realidad: la economía retardada que cubre Anatolia, que necesitó la intervención de EUA en el 2001 y el Islam.
Muchas cabecitas pensantes de Europa siguen creyendo en "los bastiones de la cristiandad", en "la supremacía blanca", en "la evolución darviniana de las civilizaciones". El imaginario europeo que es, en ciertos puntos, tristemente ilustrado, sórdido e ignorante. El mismo se ha nutrido de falacias y mitos, históricos y científicos, que forman un verdadero lastre ideológico que se perpetua desde aulas y hogares, medios nacionales y regionales de comunicación, púlpitos y altares hasta el cansancio.
Iniciemos el debate cuestionándonos a nosotros mismos y descubriremos hasta que punto utilizamos célebres “cabezas de turco” para esconder nuestros prejuicios y conveniencias. Benden size, Taner.
10/11/2004
La Tierra Prometida.
Cuando el viaje es una apuesta –y no únicamente de carácter económico, sino vital- a algunos de nosotros, pobres ilusos, nunca se nos ocurrió la extensión de lo que significaría perderla. Perder todo lo conocido y la apuesta en sí también.
Demasiado tarde para volver a un irreconocible lugar de origen, demasiado doloroso permanecer en el punto de destinación, el inmigrante perdido, que, probablemente como el grueso de la Humanidad, ha participado de la ilusión de la tierra prometida, tiene que conseguir sobrevivir –ahora sí, económicamente- antes de disponer del tiempo suficiente para planear qué hacer.
Y no es simple, en todas las ollas se cuecen habas y, tal como menciona Joseba Achotegui, no somos héroes. Nuestros recursos son limitados.
¿Qué sucede cuando todas las destinaciones se encuentran bajo una misma condición de miseria humana, con todas sus fobias, prejuicios y concepciones ridículas?
Los inmigrantes no somos alienígenas –como muchos instan a creer- no somos ajenos a los defectos y desórdenes de la Humanidad, pero, una cosa es padecerlos de local y otra muy distinta es ser invitado a participar en un juego donde, la mayoría de las veces, la victoria ha sido anunciada mucho antes de comenzar.
Esto es perder, haber pedido la confianza en la ilusión, saber que la Tierra prometida –y no haremos aquí una apología de los mitos judeo-cristianos- no puede, de modo alguno, ser terrenal, esto es profundamente doloroso.
Porque no es aquí donde los inmigrantes son recibidos y tratados como iguales, ni donde las condiciones de vida ni oportunidades son iguales para todos. Porque el self-made-man y el sueño norteamericano de amasar fortuna llegando a una gran metrópolis con dieciséis dólares en el bolsillo es una inmensa mentira, que contadas excepciones pueden vender a una mayoría de desgraciados que necesitan creer.
Algunos de nosotros nos fuimos porque encontrábamos, entre otras cosas, que la situación en nuestros lugares de origen era caótica e injusta. Que se cometían verdaderas aberraciones, que se obstaculizaba el cambio y la reforma por todos los sitios y creímos que esta Europa ofrecía una opción distinta.
La responsabilidad no es enteramente nuestra. La Europa de la Ilustración, de la Revolución Francesa, madre de la modernidad, de la tecnología y de las corrientes ideológicas, etc... ella misma se glorifica como cuna de la Humanidad y de la civilización. Si tan sólo hubiéramos recibido la suficiente información para conocer las diferencias entre sus falacias y realidades....
Pero aún así nos quedamos, hemos quemado botes –licencia poética para admitir que la apuesta económica y vital garantizaba una imposible marcha atrás.- Si es que hoy -y, madre mía, cómo cambian las cosas- cuando me gritan: “¡Vuelvete a tu país!” me limito a contestarles: “¿A dónde?”
08/11/2004
Mal de Ulises.
A menos que uno tenga medios para impedirlo, inmigrar es permanecer incómodo durante horas –a veces semanas- sin garantías de que el sentimiento desaparezca.
Cuando inmigrar representa llegar a un lugar en concreto pero desconocido, a veces se produce el “Mal de Ulises”, esto es, llegar al lugar exacto pero no a destino.
Esto es posible cuando la imagen que uno guardaba del destino dista del lo encontrado.
Las fotos de postales a menudo resultan más atractivas que los paisajes reales. Y es que la realidad, por mucho que se fotografíe con distintas lentes, nunca es del color de los sueños, nada es exactamente como uno espera.
Si el Mal de Ulises anida en el inmigrante, es posible que el lugar de arribo resulte extraño, inadecuado, y en maldita alquimia esa sensación pase a ser personal hasta que él mismo se sienta extraño, forastero e inadecuado entre una multitud de ojos mirones.
Y hasta es probable que no existan las dos cosas por separado, que si el sitio es inadecuado, uno se encuentre fuera de lugar y a la inversa. Es el fruto de la unión indisociable entre individuo y territorialidad.
Muchos individuos creen que al adquirir una meta, por ejemplo, conseguir algo o alguien, eliminará los síntomas de este mal. Pero, tal como hemos dicho, el Mal de Ulises corre por dentro, puede ser atontado o con mucha suerte enterrado, pero no se elimina fácilmente.
Como si esto fuera poco, existen personas que viven condenadas a padecerlo crónicamente en todas las destinaciones. Para ellos todos los pozos son un mismo infierno. Cuando eso sucede, viajar no cambia substancialmente nada. Entonces es probable que uno se encuentre prisionero de este mal, porque, ojo al dato, prácticamente todos los conflictos y las penas y todos los recuerdos dolorosos y placenteros pasan por las fronteras como bandadas de aves: ligeros como el aire, no requieren visados. Ellos viajarán contigo si forman parte de ti.
27/10/2004
“I tu, d'on ets?”
“-De Marte-” Es la respuesta más consecuente a una pregunta absurda. Antes que tu nombre, tu razón, antes que nada, mi destino es enfrentar la pregunta: “¿De donde eres?” acompañada de una mirada curiosa e inquisitiva, gallinácea, una y otra y otra vez, hasta hartarme. A veces los inmigrantes sentimos que todos los ciudadanos españoles padecen un síndrome de guardia fronterizo. ¿No hay acaso cien mil cosas más trascendentes para una persona que su nacionalidad? La curiosidad es común, me explican, es obvio.
Pero tener que responder siempre a la misma pregunta, te harta. ¿Acaso eso no es también lógico?
Todos tenemos derecho a una nacionalidad, cierto, pero no todos creemos en ella.
La idea de nación ha atrapado firmemente a un alto porcentaje de la población de los Estados ricachones del “primer mundo” y ha sido hábilmente utilizada en beneficio de las naciones, no de las sociedades, en las dos guerras mundiales. Pero retornando al tema, en un segundo nivel, el rechazo que experimento no es a la pregunta boba en sí, sino a la concepción de esa idea.
Los apátridas somos aquellos que no tenemos –bien puede ser por no reconocer- nación alguna. Huérfanos de patria, caminamos bajo las insignias murmurando, sabiendo que somos muchos.
A nosotros la visión de una bandera sobre las astas nos remite, como mucho, a una mera realidad geográfica. Y en parte por ello –y por los horrores causados- repudiamos la creación y manutención de la nación y del nacionalismo, entendiendo por nacionalismo esa idea de miras tan estrechas como es “los míos y los demás.”
Cuando alguno habla de “mi país” a veces nos parece estar oyendo la voz de algún fantasmal monarca que se ha visto forzado a abdicar. “No, ningún país es mío. Yo no tengo país”. Y nos sentimos realmente incómodos con aquellos que cometen el exceso de exigirnos, cuando nosotros mismos no lo hacemos, identificarnos con nuestro lugar natal.
-¿Pero de algún lugar serás, no?-
-Básicamente soy de donde estoy, señora...- Como los estudiantes anglófilos de castellano, no distinguimos el ser del estar en este punto.
¿Cómo conseguir que los nuevos patriotas comprendan que la consigna “liberté, egalité, fraternité” no pude cumplirse en el Estado-nación, porque el Estado reprime y oprime, porque mientras exista nación y nacionalismo siempre habrá un deseo de enriquecer un Estado sobre otro(s).
El Estado es una especie de proyección del Ego individual. Así, una de las finalidades del Estado es defender sus fronteras, riquezas e intereses. ¿Cómo no van a existir, entonces, el hambre, la guerra y el caos que ambas engendra? -Y no, señora, no hay naciones solidarias, nunca las hubo ¿Puedo irme ya?-
22/10/2004
Legal e inmoral
Valencia está sirviendo de nido a la ultraderecha. El pasado 21 de Octubre la fachada de la Universidad Politécnica apareció teñida de slogans xenofóbicos y pronazis a tiempo que se convocaba una manifestación para el Sábado 23 bajo el lema “No a la inmigración ilegal, Defiende tus derechos”. Una vez más los grupos más inhumanos y radicales se apoyan primeramente en el ejercicio de la ley para encubrir una ideología que sabe a sangre.
Es curioso como el fascismo creció y carcomió, durante la década del 30 del siglo XX, a los países más nuevos de Europa: Italia y Alemania, precisamente cuando estos necesitaban autoafirmase dentro del marco político europeo. Del mismo modo, países de los que surgieron inmensas de olas inmigratorias, que anteayer vivían en condiciones económicas de notable pobreza, de trayectoria no democrática como Grecia, Italia y España, se muestran reacios a la inmigración actual.
Muchos de los dirigentes de formaciones pseudo-políticas, como es España 2000 -no gente de mirada perturbadora, sino señoras de trajecito sastre- montaron su chiringuito en una de las avenidas más chic de Valencia, pueden tener parientes del otro lado del Atlántico. ¿Cómo se explica que familias de inmigrantes persigan a inmigrantes? ¿Cómo es posible que miles de apellidos comunes en un listín de Telefónica de España y Argentina no obliguen a esta nación a abrirse solidaria con todas las naciones asoladas por los males antaño conocidos?
Los griegos tensan sus relaciones con sus vecinos: Turcos, Macedonios, Albaneses, aprovechando su inmejorable condición –milagrosamente pertenecen a la UE, y ahora más que nunca, con el regalo que significó Atenas 2004- y las fuerzas de seguridad de este país no tienen ningún pudor en armar escandalosas redadas.
La anteayer imperialista Italia, hoy de Berlusconi, como es de esperar, rechaza abiertamente a Tunesinos, Rumanos y Albaneses mientras que esta España del “Plus Ultra” persigue Marroquíes, Ecuatorianos y Peruanos exigiéndoles una legalidad de la que ellos han carecido en su accionar, según cuenta su propia historia.
“Los papeles” se han transformado en un arma de doble filo, en un objeto deseado, que el Estado español sabe manejar hábilmente a la hora de acallar denuncias de tratos inhumanos y faltas a los derechos básicos.
Aún así, España es de las pocas naciones –como bien recalcó el PP- que efectúa procesos de regularización de inmigrantes. El resto de los países, los que no se encuentran el las fronteras miserables de este palacio llamado UE, sólo se limitan a aplicar la ley sin mayor miramiento, o sea, sin conciencia, ni social ni político-histórica, sobre una parte del conjunto de inmigrantes. Porque, a saber, nadie le pide permiso de trabajo ni pasaporte a un norteamericano ni a un canadiense, ¿quién se atreve a solicitarle el NIE a un suizo o a un noruego? No nos engañemos, ni la ley ni la xenofobia se aplican sobre todos, en absoluto. Hay que provenir de un país pobre y ser pobre –porque los reyezuelos de la petroquímica ni siquiera deben saber lo que es renovar un pasaporte- , para que un país te persiga. Pobre, de piel oscura, musulmán, de ser posible, y con ello se dibuja un perfil que ya permite al ojo público que el individuo en cuestión reduzca su condición hasta ser poco más que un sujeto sospechoso.
Ningún australiano se preocupa, mientras le enseña inglés a un español en una escuela de idiomas, de su condición legal. A él no le sellarán su pasaporte con tinta roja por exceder su período de vigencia en territorio europeo, él puede estar seguro de que, por provenir de un país económicamente más pujante que España, España callará y hará la vista gorda.
Claro, un 2/3 partes del mundo padecen hambre, la UE pretende alzarse sobre un mundo consumido por sus necesidades sin que nadie se cuele, que los de afuera consuman y admiren, calladitos, mientras las enfermedades curables y/o tratables los asolan. No se por qué ese proyecto europeo me parece que no es del todo viable: el hambre del mundo llama a las puertas de las convenciones europeas exigiendo una repartición de la riqueza más justa y equitativa. Y ese clamor tiene mucha más peso moral que cualquier ley.
18/10/2004
Divina comedia

Octubre del 2004. Cataluña recibe la mayor inversión de Fomento del Estado, la mayor tajada, un 19,10% para la zona. El Estado invierte, parte y reparte, beneficiando no precisamente a las regiones más deprimidas. Es que no podemos decir que Cataluña sea la más pobre de las comunidades autónomas, pero sí la más desagradecida. ¿Cómo es posible que la Generalitat acepte ese dinero y después continúe con toda su dinámica separatista y de desprestigio hacia el Estado español?
Nadie aquí defiende al Estado, dios nos libre, no hay quien de él nos defienda, de hecho. Pero, ¿quién firma el acuse de recibo de esos 1.472 millones de Euros? ¿Quién es ese/a caradura? Y después da la puñalada por la espalda...
Si verdaderamente la Generalitat y todas las entidades políticas catalanas pretenden tirar por tierra a España y conseguir su misión separatista, deberían, como menos, rechazar cualquier ayuda económica que provenga del supuesto Estado invasor.
Nada más lejano, esa tierra de fariseos –buenísimos comerciantes- sabe muy bien como jugar. ¿Cómo lo invertirán? Tan sólo espero que el ideólogo de ese triste error que fue el Forum 2004 haya quedado fuera de la ventanilla de acogida de proyectos...
Cataluña, lugar maravilloso, seguramente invertirá en acción social, sin lugar a dudas, en apaliar el problema de la falta vivienda y sus precios exorbitantes.... seguramente.
O tal vez intentarán aliviar los seis meses de espera que padecen los pacientes destinados al quirófano del CatSalut regalándoles a cada uno de ellos una señera con un Visca Catalunya bordado. Tanto pelear por tener un sistema de sanidad autónomo y mirad que mal lo han hecho, ¡para ese viaje no hacía falta esas alforjas, señores!
A mi siempre me ha extrañado el victimismo catalán hasta que supe interpretarlo dentro de su género.
13/10/2004
Nuevo muro, misma verguenza

El periódico español "El País" del 11 de Octubre del 2004 ublica en su portada la siguente noticia: “El Gobierno invertirá 130 millones de euros en los próximos cuatro años para extender el blindaje electrónico del Estrecho a toda la costa de Andalucía, las Canarias orientales y Ceuta. La intención del Ejecutivo es que a finales de 2008 la Guardia Civil cuente con 25 estaciones de detección, 71 patrulleras, 3 helicópteros y 13 radares móviles que ayuden a frenar la inmigración irregular de África. Los mandos del instituto armado han solicitado además la compra de dos aviones de reconocimiento, uno para la zona del Estrecho y otro para Canarias.”
Desde 1995 distintos antropólogos han advertido y denunciado que la UE no era más que un “palacio de riqueza” (ver Fakete en “From ethnocentrism to euroracism”) sobre cuyas costas y planicies arribaba un contingente humano de muertos. Aparecían en países limítrofes, dentro de los contenedores, congelados o asfixiados, sobre las costas donde naufragaban las pateras, los cuerpos de quienes buscaban y merecían una oportunidad, de aquellos que querían participar de los beneficios que aporta la vida en el primer mundo, de aquellos desafortunados que no pudieron entrar por vía legal al continente europeo. Para todos ellos su pasaporte y su propia voluntad nunca alcanza.
Así, la inmigración ilegal le suponía a Europa una burla de sus leyes xenófobas y fronteras hasta ahora, día en el que el gobierno español del PSOE ha osado hacer aquello que ni el mismo PP se atrevió, fortificar las costas, a base de tecnología, cual Auschwitz, reemplazando el alambre de púas por el radar moderno, lo cual permita a los alemanes disfrutar de las arenas de Andalucía sin culpa.
¿Esta es la solución que ofrece el PSOE al reto que representa la inmigración africana? ¿Este es el socialismo del PSOE?
La noticia se dio a conocer hace 48 horas: no hubo marcha ni protestas en las calles. Nadie salió a manifestar su rechazo. Desde aquí condenamos a esta iniciativa del gobierno español como un atentado contra las libertades básicas de los individuos y los derechos humanos y exigimos la eliminación del proyecto, por vergonzoso, por inhumano, por incalculablemente imbécil en su misma concepción y, sobre todas las cosas porque la pobreza no se soluciona levantando un muro de vergüenza y construyendo palacetes de riqueza sino compartiendo los bienes. Y cualquier Estado europeo, basándose en su propia historia, ha de saberlo.
Este mundo es inmenso pero hay comida para todos, solo nos falta la voluntad de querer compartirla
20/09/2004
Un corrupto cuarto poder

Australia es más que una isla, un continente. Y es un continente vacío, desaprovechado.
La plaga que somos no se ha dejado sentir sobre su núcleo desértico. La hierba no conoce el cemento, la lluvia no abre paraguas y está muy bien que así sea.
Pero el coste es que Australia es reticente a la inmigración. Niega formularios, tiene listas de países de los cuales no acepta solicitudes de permiso de trabajo y residencia. Es decir, repele y repugna.
Intenta evitar que los ciudadanos indios, chinos y malasios se muevan y asienten en sus tierras. La vieja historia de siempre: países económicamente prósperos que no quieren compartir sus riquezas con los vecinos pobres que viven hacinados en sucias ciudades.
Australia no disimula su rechazo. Acepta de buen gusto a turistas escandinavos adinerados, tropas norteamericanas y hasta a promonárquicos británicos si se tercia. Pero no refugiados. En Australia los campos de refugiados son verdaderas miserias, dan vergüenza ajena. E intentando que la prensa internacional declare a esta situación inmoral, siendo como es una total falta a los derechos humanos más básicos, los inmigrantes se cosen los labios.
Labios secos, huelgas de hambre, días sin beber, labios cosidos y voces silenciadas.
La prensa europea sigue haciendo la vista gorda, sepulta la información en un rectángulo minúsculo de la sección “Internacionales”, distorsiona, engaña, manipula.
Realmente los periodistas son los responsables de la opinión pública, hacen de hecatombes, detalles; y de hechos insignificantes, grandes escándalos. Moldean y distorsionan los hechos, los reflejan parcialmente. A ellos debemos demandarlos por no exponer con claridad los sucesos de este invierno australiano, ellos son los responsables de que se piense como se piensa, embriagadas pitonisas que lanzan alaridos contra la inmigración futura y callan delitos presentes. Los periodistas merecen ser ampliamente cuestionados e individualmente juzgados.
Pero los lectores aún creen, los espectadores se espantan –y secretamente disfrutan: “¡Qué mal están!”- y mientras tanto los que piden asilo son deportados con los labios sellados. ¿Alguien sabe cómo concilia el sueño la gente de prensa?
11/09/2004
Islamofobia barcelonesa

En Barcelona un grupo de pakistaníes se cansó de esperar y compró con su propios medios un terreno para erguir un templo musulmán. Es natural, el Ayuntamiento y la Generalitat habían promettido construir un gran templo –los nueve existentes en la capital catalana son habitaciones de techos bajos y proporciones minúsculas- en las afueras de la ciudad, más precisamente en Premià del Mar, a lo que los vecinos respondieron manifestándose en contra y fomando un grupeje pseudopolítico de ultraderercha que pretende representar a los intereses de la cristiandad cual Caudillo resucitado. Por lo que los proyectos oficiales, mágicamente, desaparecieron.
Si esta historia resulta escandalosamente indignante, lo de la Asociación de Vecinos del Raval encabezada por la patética figura de Pep García no tiene nombre. La asociación barcelonesa exigió al Ayuntamiento la inmediata demolición de las obras del templo musulmán de fondos pakistaníes, alegando falta de permiso de obras y vaya uno a saber que imbecilidades más. Vamos, que nos enfrentamos a la misma islamofobia de siempre.
Barcelona es considerada la cuna de Gaudí –aquel santón que aceptó dinero de la familia Guell, afamados esclavistas y les construyó un parquecito para que se aireen y refesquen cuando no estuvieran traficando con vidas humanas, entrado el siglo XX-. Pero aquello que los turistas que se pasean por la Gran de Gracia ignoran que ésta también es la Barcelona impune, construida con manos inmigrantes, que reclutó a murcianos y andaluces en los suburbios del Hospitalet confinándolos a los sectores laborables de mayor explotación y menor categoría. Esta es la Barcelona repugnante que participó de una manifestación bajo el lema “no más inseguridad” en el 2000 que acabó en un pogromo donde un centenar de vecinos intentaron linchar a dos argelinos. Esta es la misma Barcelona hipócrita que se disfraza de Forum de las culturas sólo para recaudar beneficios de la explotación inmobiliaria costera y del turismo incauto.
A los vecinitos del Raval y a los políticos de turno, cada uno en su pupitre por las dudas, habría que darles una clase urgente en plena plaza Sant Jaume -y eso sería el Forum de la incultura- en la cual recordarles algunos artículos de los derechos humanos. A saber:
Artículo 4: Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre, la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas.
Artículo 7: Todos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la ley. Todos tienen derecho a igual protección contra toda discriminación que infrinja esta Declaración y contra toda provocación a tal discriminación.
Artículo 13: 1. Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado. 2. Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país.
Artículo 14.1: En caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en cualquier país. 2. Este derecho no podrá ser invocado contra una acción judicial realmente originada por delitos comunes o por actos opuestos a los propósitos y principios de las Naciones Unidas.
Artículo 15.1: Toda persona tiene derecho a una nacionalidad. 2. A nadie se privará arbitrariamente de su nacionalidad ni del derecho a cambiar de nacionalidad.
Artículo 17.1: Toda persona tiene derecho a la propiedad, individual y colectivamente. 2. Nadie será privado arbitrariamente de su propiedad.
Artículo 18: Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.
Debemos defender al estricto cumplimiento de nuestros derechos esenciales, aquí, en el continente que se hace llamar “la cuna de la civilización occidental” y acabar con estos atropellos cometidos por grupos cívicos –y no continuar con el discurso fácil de que la culpa es de un determinado sistema político-económico-. A ver si en Barcelona aprendemos a ser más humanos.
03/09/2004
Responsables

La xenofobia actual es un acontecimiento individual y social único y, como tal, nos plantea un reto en la convivencia diaria que nosotros, ni social ni indevidualmente, logramos resolver.
El conflicto es del individuo y desde el individuo se extiende, se reproduce, se perpetúa a travès de la transmisiòn de ideas, de creencias, de concepciones. Defendernos de cada una de sus manifestaciones, es una tarea faraónica e interminable, pero igualmente cada manifestación es siempre violenta, siempre destructiva.
Los diferentes ámbitos –social, legal, educacional, informativos- están, en mayor o menor medida, intoxicados de forma cubiera o sutil por este sentimiento de odio, de repulsión, de miedo hacia un conjunto heteregéneo de seres que son identificados como “extranjeros”.
Todo ámbito social está constituido por individuos, todo ámbito es producto de los mismos, aquello que exista de forma generalizada en los individuos, existirá en la mayoría de los ámbitos
Es necesario comprender la extensión del conflicto y dejar de hablar de xenofobia, homofobia, dejar de asociar grupos con objetos odiados. Porque eso produce una desintegración del problema.
Hoy cada grupo odiado y/o temido intenta formar una asociación para defender su situación, -S.O.S racismo, Gl, coordinadora gai-lesbiana-, esta disociación beneficia al odio.
También es necesario abandonar el plan, el ideal y la creencia, porque es en ellos donde se originó el conflicto.
Cada político, cada artista, cada pensador, efectúa un análisis en pos de una solución que resuelva el conflicto, pero ante los diferentes discursos cualquiera puede percibir como el conflicto no se disuelve.
El abandono del ideal de sociedad, por muy noble que este sea, permite ponerse en contacto con la situación actual, sin prismas ni intermediarios. Si seguimos intentando teorizar o legislar el conflicto, poner orden en el mismo, a través de análisis e imposiciones, nunca lo conseguiremos.
Hoy, se intenta “no discriminar”, sino “integrar”, se intenta construir una comunidad para todos, y todos estos intentos son infructuosos. Nuestro deseo de mejorar la situación, a través de leyes, manifestaciones y escritos, evidentemente no la mejora.
Sólo la comprensión del proceso que denominamos xenofobia, la comprensión del origen, del odio, del temor y del asco, nos permitirán ponernos en contacto directo con el conflicto y una intervención sólo es posible mediante este contacto. La mente es el origen, los hechos, su consecuencia.
Mientras exista una nación, existirá la nacionalidad y siempre que exista la nacionalidad